soñadora

soñaba demasiado y lo sabía. y cada noche un sueño distinto, y vivo, de todo tipo, tristes, alegres, dulces, amargos, tan reales que al despertar me dejaban la boca con un regusto que no se iba en todo el día. salía a la calle con la sensación de haber despertado en otro sitio, siendo otra persona, porque algo no encajaba, y era el eco del sueño que todavía me rondaba, que me condicionaba y cambiaba mi vida durante unas horas hasta que alguien me hablaba y con un simple buenos días me terminaba de sacar de mi fantasía

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