Fin de ciclo

Tengo la sensación de que efectivamente va a haber un cambio de ciclo en 2012, parecido al que cuentan las estelas mayas. Una nueva era. Un cambio de ciclo lleno de fuego y confusión que puede destruirnos si nos descuidamos. Quizá que ojalá nos destruya y así podamos volver a empezar.

2012, a diestro y siniestro

Este año va a ser mi año. Cuando todo va mal o peor, cuando las cosas se enraecen, descolocan y empiezan a dejar de parecerse a sí mismas, decido que 2012 será mi año, el año de la venganza. Este año que está a punto de empezar será el año en el que paguen todos por lo que han hecho, o por lo que son. No pienso dejar a nadie sin su justo castigo. Empezaré con la sinceridad, que es lo que más duele. Diré siempre lo que pienso, y si puede servir para hacer daño a los que no soporto, aumentaré la dosis de sinceridad hasta superar los límites de la tortura. Haré daño, aunque no indiscriminadamente. Hay quien se lo ha ganado y no sería justo para con ellos que gastara mis fuerzas en joder a inocentes cuando hay quien se merece toda mi atención. Nadie se quedará sin su dosis de dolor. Por supuesto no me refiero a dolor físico. Eso sería realmente burdo. Inflingiré dolor, repartiré vergüenza, provocaré rabia, dejaré en ridículo a quien haya estado tocándome las pelotas estos años, daré donde más duele, hurgaré en la oscuridad de cada uno y la despelotaré para que todos puedan verla. Me jugaré la vida, porque espero recibir más de una hostia, más de un insulto. Quizá hasta sea despedido de mi trabajo. Da igual. Me quedaré a gusto y luego lo contaré aquí, para que todos podáis leerlo. Nuevos tiempos están llegando y la ira que llevo dentro va a salir con una fuerza que jamás nadie pudo imaginar.

Sus vais a cagar...

Navidad

Va de comer, beber y reventar. Algunos todavía piensan en religión, el cielo, el infierno, los pastorcillos y el caganet, pero sobre todo va de comer, beber y reventar. En el mejor de los casos no llegas a reventar, pero la gente te mira mal si no lo haces: es una regla básica del espíritu navideño. La mesa ya está puesta y quedan dos horas para la cena. Un mantel más feo de lo habitual, más gente, más ruido, comida extraña esta vez hecha por otros, por pereza, comodidad, de todo un poco, y la comida que espera, en cantidades ingentes, como si esta cena fuera la última para todos nosotros y si no devoramos debidamente iremos al infierno.

Mi madre llama a sus amigos, a ver si están bien. Es algo que hace por estas fechas. Son fechas en las que algunos se acuerdan de otros algunos y los llaman. ¿Estás bien? Sí, todo bien. Pasad felices fiestas. Gracias, igualmente. Y a comer. Es un protocolo, una tradición, un rito casposo, educado, a veces sincero, una inercia que viene de cuando la gente era creyente. Algunos todavía lo son. Gente rara. Ahora ha quedado el eco de lo que hacían. Ahora comemos, bebemos y, si tenemos suerte, reventamos.

Ametrallar es gratis

Salvo por el coste inicial en material, véase ametralladora y munición, ametrallar es gratis. Como catarsis para el que dispara es realmente recomendable. Como método de relajación final para el que recibe el balazo o los balazos, es sumamente efectivo.

Que si es algo que he hecho. No, lo admito. Todavía (todavía) no he sido capaz de ponerme a ello. Ni como verdugo ni como víctima. Pensaréis que lo preferible es ser verdugo. Permitidme que lo ponga en duda. La muerte es preferible a una vida de culpa, arrepentimiento y, en el peor de los casos, cárcel.

No es fácil. No creo que sea habitual plantearse esto, para suerte de la mayoría de la población terrícola. Solo unos pocos caen en esta trampa que lleva a un inevitable sufrimiento a cambio de un placer que a lo suma dura dos o tres minutos. 

Una cita de Arthur Honkytonk

"Podemos dar muchas vueltas antes de llegar a nuestro destino. Lo importante es no marearse en el camino."

Arthur Honkytonk, 1915.

Como sabéis a veces me gusta analizar alguna de esas llamadas grandes citas hechas por grandes hombres que dan grandes dolores de cabeza cuando uno se pone a pensar en ellas. En este caso quiero fijarme en una de las muchas que pronunció el político norteamericano Arthur Honkytonk, congresista a principios de siglo XX, etnólogo, psicólogo y aficionado al origami (esto último es menos improtante pero da fe de su gusto por todo lo metódico).

El contexto en el que fueron dichas estas palabras es quizá tan importante como el contenido que quieren expresar. Este par de frases forman parte del discurso que el propio Arthur dio a sus seguidores el día en que ganó su segundo mandato como congresista. Solo un mes antes parecía que iba a perder su cargo en favor de un joven demócrata pero tras descubrirse que este tenía un affaire con una señora de mala reputación, el voto se decantó claramente por el ya entonces veterano congresista Honkytonk. Quizá, pensaron muchos, se refería a esta situación cuando pronunció estas míticas palabras. Todo puede ser. Las vueltas que dio antes de llegar a su destino fueron muchas y supo no marearse, no rendirse, antes de la inesperada victoria. Es una forma de verlo. En mi opinión la explicación es mucho más banal.

Arthur Honkytonk era un hombre tremendamente despistado. Así lo pudimos leer en sus memorias, en las que él mismo lo admitía: "He olvidado muchas veces adónde tenía que ir y si no es por mi agenda, que llevo siempre al día..." En más de una ocasión llegó tarde a un mitin, a una reunión de trabajo o al propio Congreso porque olvidaba la hora de la cita o la cita misma, o se perdía en el camino, ya que procuraba ir andando si era posible. Siempre se disculpaba alegando que había sido interrumpido en su marcha por algún ciudadano que le quería preguntar por esta o aquella cuestión, para pedirle consejo o exhortarle a que elevara alguna cuestión de importancia para él o sus vecinos en el parlamento. Por las declaraciones de sus amigos, la mayoría de las veces estas interrupciones solo existían en la imaginación del propio Arthur. El congresista se perdía día sí día también y trataba de ocultaro por vergüenza. A esto, y esta es mi teoría, ya lo habréis podido adivinar, se refería cuando habla de esas "vueltas antes de llegar a nuestro destino". En cuanto a lo de no marearse en el camino entramos en un terreno delicado. El del alcohol. Arthur Honkytonk nunca admitió ser alcohólico, pero ni falta que hacía. La mayoría de las veces llegaba al Congreso borracho. Otras ni siquiera conseguía llegar. Los ujieres trataban de hacerle pasar la borrachera con sobredosis de café y con alguna ducha de urgencia, sobre todo si era él quien tenía que hablar en el hemiciclo. Sus compañeros lo admiraban por su verbo ligero y sus profundas disgresiones, a menudo largas como días sin pan, pero sabían de su problema con la botella, y se lo permitían. El día que tenía que hablar y estaba un poco achispado no pasaba nada. Incluso se podía decir que una copita era buena compañera a la hora de dirigirse al resto de congresistas. El problema era cuando el número de tragos era incontable. Entonces procuraban pararle los pies y pedirle que dejara su discurso para el día siguiente.

Nadie esperaba que ganara las elecciones para un segundo mandato. Ni él mismo. Pero la gente rechazó al joven adúltero en favor del viejo borracho sin dudarlo. En el discurso de investidura no pudo evitar cerrar su intervención con esas palabras, aludiendo a su despiste y a su adicción al alcohol. Sus compañeros, estoy seguro, lo entendieron perfectamente. No veo que se pueda interpretar esta cita de otra manera que de la que os acabo de exponer, claro que puedo estar equivocado. Faltaría más.

Ono

¿Te pués creer que Ono me ha mandao un técnico en domingo pa cambiarme el modem? Pa flipar. Eso es profesionalidá. Ahora tira que da gusto. Y en breve, 50 megazas, con 5 de subida. Pa flipar.

(Este lapo NO está patrocinado por ONO, aunque lo parezca.)

El Señor que Vino del Pasado

A diario me tropiezo con El Señor que Vino del Pasado. Que digo yo que viene del pasado, que es de donde venimos todos, ya lo sé, pero este hombre viene de mucho antes. Cuando me lo encuentro siento un escalofrío. Viste de marrón y lleva un sombrero de ala, elegante, anacrónico. ¿Será que soy el único que lo ve? Eso llegué a pensar hasta que oí a otros hablar de él. Lo llamaban el "pirado del sombrero". Ellos lo ven como un tío loco, excéntrico, que viste así porque es rarito. No saben que vino del pasado y, como a todos nos pasa, le cuesta adaptarse a las modas. En su época se vestía así y ahora, en su futuro, nuestro presente, no se ve vestido de otra forma. No se imagina con unos vaqueros, con una camiseta del H&M o del Zara, con la cabeza descubierta (creo que en el pasado también sería raro llevar sombrero dentro de un edificio, constantemente, incluso mientras come; puede que en su época también fuera algo rarito). El Señor que Vino del Pasado trabaja en no sé qué en mi empresa, así es que debe de haberse reciclado para hacer cosas de hoy, o quizá hace lo mismo que en su tiempo. Mi teoría: es un investigador privado que está aquí para resolver un asesinato. El Señor que Vino del Pasado para Resolver un Crimen parece un personaje de Hammet. No descarto que lo sea. Si pudo viajar desde el pasado hasta hoy quién nos dice que no vino de un mundo paralelo donde nuestra fantasía es realidad. No seré yo quien le ponga vallas al campo.

El Señor que Vino del Pasado para Resolver un Crimen comió ayer casi a mi lado. Tampoco se quitó el sombrero.

El jamón

En realidad no era un jamón. Ese trozo de cerdo muerto bailaba perdido dentro de la caja verde. Como única compañía, un trozo de lomo y un cacho de salchichón, todos ibéricos, si podemos fiarnos de la etiqueta, claro. En realidad no era era un jamón, era una paletilla. La diferencia es brutal. El jamón... es el jamón. La paletilla es la hermana pequeña, la pata delantera, bastarda, huesuda, escasa, rácana, fácilmente olvidable, anoréxica incluso. El eco de un jamón. La sombra desleída en la penumbra. El segundón que acaba siendo cura en lugar de heredar las tierras del padre. Pero si me preguntan, que siempre hay quien lo hace, diré que mi empresa me dio un jamón, grande, veteado de grasa, bellotero y de pata subsahariana. Faltaría más.

Otros tiempos

42 años. Esos son los necesarios ahora para tener derecho a pensión en Italia. Pronto, muy pronto, nos tocará caer en la misma trampa. Y no será esa la única...


España, 2050

Cumplo 74 años. Todavía no he podido cotizar los 42 que necesito para jubilarme. A lo largo de estos años ha sido prácticamente imposible no perder trabajos, estar unos meses parado, volver a trabajar de media jornada o menos. Imposible cotizar lo necesario. A partir de los 45 la cosa se puso verdaderamente jodida. En los últimos treinta años habré podido trabajar diez como mucho. El resto del tiempo he tenido que vivir del aire y de los amigos, la familia, la suerte... Sé que no tendré pensión, y si cae algo será mínimo, del todo insuficiente.

Me faltan las fuerzas para luchar por vivir dignamente. Acabar mis días sobreviviendo no es lo que había soñado, pero esperar algo más es simplemente de ilusos. La crisis del 2008 duró demasiado y cuando había terminado las medidas temporales que se tomaron para solucionarla pasaron a ser definitivas. Impuestos, derechos recortados, educación y sanidad en manos privadas... los dejamos hacer, confiamos, y fue un error. Ahora miramos atrás y nos parece mentira que antes de la crisis el Estado del Bienestar fuera algo real.

Nuestros hijos y nietos nos miran como estuviéramos locos cuando les hablamos de esos días. Ellos ya han nacido en un mundo podrido y el olor hediondo de estos tiempos no les hace retorcer el gesto. Cuando les hablo del futuro, de lo que se podría hacer para mejorar el sistema, se ríen de mí. Es normal, son fantasías de un viejo senil. Ya nos tienen. Nos han ganado, y lo que es peor, nos han convencido de que tienen razón.


Cine ciego y de terror

No sé si habéis visto la peli Delicatessen. Si no, vedla. Es grande. Mi piso es como aquel, solo que sin un carnicero asesino proveedor de carne humana para sus vecinos en el piso de abajo. Aquí se oye todo y si prestas atención (no hace falta esforzarse demasiado) es como estar en una sala de cine sonoro (ver no ves, claro) en la que los sonidos te llegan de todas partes, incluso de arriba y abajo.

De abajo los gritos de la madre a su hijo. A ella la dejó el padre del niño, abandonada, abandonados, y lo grita para que todo el mundo lo sepa.

De no sé dónde (no sé dónde y eso me vuelve loco) el sonido del despertador con sonido de cuco, que me ataca a todas horas (no cada hora), de noche y de día, y que supongo pertenece a alguien con un trabajo de horario aletarorio y periodos de sueño extraños (¿un artillero desactivador de bombas, un sicario o un exorcista? no sé, alguna profesión con disponibilidad total que requiera dar por culo a los vecinos con su falso cuco.

De arriba llegan las carreras. Son gatos, creo, que corren por un pasillo. Pero eso me da más igual, porque yo también tengo dos y traslado las carreras a los oídos del vecino de abajo.

Del patio de luces llega la música bachatera, más gritos y olores a comida de todo tipo. Mi venganza hoy se ha llamado Queen a toda hostia. Ahora es el turno de Muse.

Orden y Caos

Por mucho orden que ponga siempre se me cuela una dosis de caos que acaba por dominarlo todo. Qué trascendente te has puesto, oye. No, es que estoy ordenando mi habitación y no hay por donde cogerla. Ordeno en un lado y el caos se desplaza hacia el otro, como cuando soplas el polvo y limpias aquí para ensuciar allí. He tenido que rendirme y admitir que lo único que puedo hacer es mover el caos de sitio, para que no esté cómodo del todo. Qué menos.

Lapo electoral

Ya tengo mi voto decidido. Irá en un sobre, como los demás votos. Aparentemente no habrá diferencia con el resto de votos. Nadie lo podrá distinguir a simple vista. Mira, un voto, dirán, y seguirán a lo suyo. Obviamente no será un voto normal.

La verdad llegará en el recuento. El presidente de la mesa y los vocales se pondrán a abrir sobres. Este para aquel, este otro para el otro, y así, sumando votos azules y votos rojos, naranjas, magentas, verdes y de todos los colores. Cuando abran el mío llegará la sopresa. ¿Y esto? ¿Quién ha sido el cerdo que ha soltado un lapo dentro de este sobre vacío?

PD: es posible que me hayan llamado para participar en una mesa electoral, pero hasta que no me encuentre la Autoridad no lo sabrá: no vivo donde estoy censado y allí ya nadie sabe de mí. Desobediencia civil o pereza, lo mismo da. La cosa es que no voy.

Bullshit

Cuando das la vuelta a la esquina aparece otra esquina, y otra más detrás de esta y otra, y otra. Están ahí por joder, no encuentro otra explicación.

Los hombres que viven en las alcantarillas

Desde las Tortugas Ninja, pasando por los mutantes subterráneos de Futurama, Fraggel Rock o la resistencia humana de Demolition Man, sin olvidar a los morloks, desde siempre, desde que yo tengo memoria, ha habido hombres o sucedáneos de hombre viviendo en las alcantarillas. Es algo natural. Entiendo que la mayoría de la gente quiera vivir en la superficie del planeta. Corre más aire y da el sol, que te pone la cara caliente si te lo quedas mirando un rato, o te alimenta a través de las plantas. Admito que yo soy de superficie. Lo raro sería lo contrario. Pero no me sorprende que haya una parte de la población, no sé cuánta exactamente, que quiera vivir en las alcantarillas.

No sé qué harán allí para pasar el rato. Verán la tele por cable, jugarán al escondite, cazarán ratas. Cuando vemos a los hombres de las alcantarillas en las películas siempre van sucios, huelen mal (imaginamos que huelen mal), tiene los dientes negros y comen cosas asquerosas. Es normal, se adaptan al lugar en el que viven. Si el mundo de las alcantarillas fuera un ejemplo de limpieza y calidad de vida es probable que más gente se fuera a vivir allí, y no creo que sus habitantes quieran que eso suceda. Mejor mantener las distancias, hacerlo poco atractivo para los turistas o inmigrantes. Si a alguien se le ocurre allí pasar la aspiradora con demasiado ahínco, se le avisa una vez, y a la segunda, a la puta calle. Es lo que yo haría.

Para qué mentir, no conozco a nadie que viva en las alcantarillas. Tampoco es que me apetezca conocer a uno de sus habitantes. Tengo la sensación de que habría pocos temas de conversación. Somos de mundos diferentes. Yo vivo en un segundo, y eso ya te marca... Imaginaos vivir bajo las calles, con la de mierda que hay allí. Si no te vuelves loco con tanto olor a mierda es que no eres persona. No es que yo sea xenófobo ni nada con esa gente, pero solo pensar que tengo que hablar con uno de esos subterráneos y ya me dan arcadas. Y eso que yo no soy un tío extremadamente limpio. Pero es que esa gente si se lava seguro que lo hace con aguas fecales. Asqueroso, respetable pero asqueroso.

Imbéciles

A diario me tropiezo con varios. Los tengo en un ránking que repaso concienzudamente cada cierto tiempo. La razón, que la imbecilidad tiene sus altibajos y no siempre el aparentemente más imbécil merece seguir estando en lo alto de la tabla. La competición es dura. Los imbéciles luchan entre sí sin saberlo por escalar puestos, por encumbrarse y llevarse mi aplauso personal, callado, mi aprobación, que a veces les transmito oculta entre otros comentarios más inocentes o simmplemente con una palmadita en la espalda.

Los imbéciles lo son a tiempo completo, y eso es muy duro. Veo sus esfuerzos, minuto a minuto, por destacar, por llevarse la medalla de la imbecilidad, sin que parezca importarle a ninguno perder la dignidad en el proceso. La dignidad es lo de menos en la escala de valores de los imbéciles.

Muchas veces los veo juntos, hablando, riendo, compitiendo (no pueden parar; si lo hicieran, morirían, imagino). No lo hacen a propósito, lo de reunirse. Puede que haya, teorizo, cierta frecuencia del cerebro que los hace afines, que los atrae entre sí, como a los inmortales de la peli de Christopher Lambert. Verlos en manada me toca la fibra sensible, como cuando veo un documental siestero de La 2. El comportamiento gregario siempre es emotivo, más todavía si es involuntario.

Los imbéciles no están impedidos para trabajar, dirigir, hacerse ricos o gobernar un país. No es una condición que los inutilice para ninguna labor (la Constitución simplemente los ignora, como si tratar de legislar sobre ellos fuera una labor inútil; cómo reglamentar sobre tanta gente y tan difícil de distinguir de los demás).

Lamentablemente, no se ha inventado todavía un detector de imbéciles. El inventor sería digno del premio Nobel, si los imbéciles, temerosos de ser descubiertos, no acabaran antes con la vida del iluso creador. Ningún imbécil que se precie de serlo permitiría que un aparato así llegara al gran público. Eso si es consciente de su imbecilidad, que muchos ni lo saben. Los que sí, los imbéciles conscientes, tienen claro que pueden ser detectados por algunas personas y por eso se esconden entre la masa, camuflados, pareciendo tan normales como el resto, y casi siempre les sale bien. Llevan toda la vida disimulando, o intentándolo, aunque es inevitable que a veces bajen la guardia. Es entonces cuando tenemos la oportunidad de desenmascararlos. Pero hay que estar atento, muy atento, porque es fácil confundirlos con los tontos, los idiotas o con los simplemente gilipollas. Y no son lo mismo. Ni de coña. A los imbéciles hay que darles de comer aparte.

Sobre la extraña desaparición del blog de M. Salieri y de su persona

Han pasado cuatro meses y pico y creo que ya es el momento de hablar del tema. Como sabéis, soy seguidor del creador del pseudogénero literario del lapo mental, Marco Salieri. Se puede decir que soy de los pocos que han llevado a la práctica lo que él planteó hace mucho como teoría. Esto me ha llevado a conocerlo si bien no muy profundamente sí lo suficiente como para mantener un contacto e-pistolar más o menos frecuente.

Cuando decidió saltar al mundo del blog fui el primero en animarlo. Al principio tuvo sus dudas pero cuando empezó a contar su vida y sus extrañas aventuras no hubo quien lo parara. Estaba emocionado. Pero creo que no entendió cómo funciona esto. Si escribes puede que la gente te lea, y si cuentas cosas que te comprometen es posible que te metas en un lío. No sé si ha sido eso lo que ha pasado. No tengo ni idea, pero algo intuyo.

Desde que cerró su blog, o se lo cerraron, no sé nada de él. No responde a mis correos y la gente que conocemos en común tampoco sabe nada de él. Si habéis intentado leerlo os habréis encontrado con un mensaje como este:



Si os enteráis de algo, por favor, decídmelo. En los últimos meses antes de desaparecer se metió en unas historias muy raras. Se mezcló con gente relacionada con lo paranormal, con mafiosos y espías, según contó él mismo en el blog. No sé si todo lo que escribió es cierto. Ni siquiera si una mínima parte lo es, pero el  hecho de haberse esfumado de un día para otro me hace pensar que quizá algo de verdad hay.

Sólo espero que no le haya pasado nada.

Un mundo paralelo (que está aquí mismo)

En el mundo paralelo (que está aquí mismo) las normas que rigen la sociedad se parecen mucho a las nuestras. Casi podría decir que son idénticas. Casi.

En el mundo paralelo del que os hablo, ese que está aquí mismo, hay quien considera que para conseguir algo uno tiene que tragar un montón de mierda y sonreír al mismo tiempo. Es lo que el protocolo manda. También se alaba al que calla, al que no respira de más y al que anda con paso firme pero a la vez sumiso. En nuestro mundo no es tan así, ya os lo digo yo, que soy de aquí, pero en el mundo paralelo del que os hablo, y que a veces se confunde con este disentir, es rebelarse, opinar es faltar al respeto y decir la verdad la mayor de las faltas posibles.

Nuestro mundo y este mundo paralelo son tan parecidos que, he de admitirlo, tardé en darme cuenta de que había pasado de uno a otro. Ni siquiera puedo decir en qué momento sucedió, pero así fue. Sí recuerdo cuándo fui consciente de que ya no estaba en mi mundo sino en la versión bizarra de él. Fue un día en el que dije que me parecía que estaba recibiendo más carga de trabajo en mi empresa que los demás (un 60% más, aproximadamente) y en respuesta me acusaron de no saber trabajar en equipo, de romper la armonía de la oficina con mi comentario y de ser un individualista que mejor estaría fuera de la empresa que dentro. Obviamente en ese momento supe la verdad y ahora no sé cómo volver a mi mundo desde este extraño mundo paralelo (que está aquí mismo).

Amigas

Bailamos en una fiesta gótica en la que los no-góticos somos mayoría. Bailamos, bebemos y ellas dos hablan acaloradamente. No las oímos porque la música no lo permite. Ni estando cerca podríamos. Han de hablar a gritos para oírse y en sus rostros se observa el fastidio, la impotencia por no poder comunicarse más cómodamente. Si por ellas fuera estarían en otra parte, discutiendo sin perder la voz en el camino. Agitan las manos. Debe de ser algo grave, o al menos importante, porque el resto baila y disfruta del momento y ellas, en medio de la pista, han creado su propia burbuja y sus propias reglas. Están allí pero no están. Un minuto después la conversación de detiene. Bajan las manos, dejan de mirarse y una de ellas se dirige a la salida, sin prisa pero con determinación. La otra, ahora sola, sigue descolocada. A su alrededor la gente sigue la música, cada uno a su manera, y ella parece no saber si unirse a la fiesta o salir de allí como su amiga. Tras unos segundos de duda en los que mira a su alrededor, quizá buscando a alguien, sigue los pasos que antes recorrió la otra y abandona el local.

Inercias

Rodar hacia arriba es imposible. Por lo visto hay que levantarse y andar. Mejor rodar hacia abajo, como se ha hecho toda la vida. Y si al final hay un muro infranqueable, nos haremos añicos, con mucho gusto.

Atropelladamente yo

A veces me tropiezo conmigo mismo. Me adelanto, hablando, andando, haciendo cualquier cosa, nada en particular, todo. Me veo venir pero me confío y cuando llego ya es demasiado tarde: me he atropellado. En este juego suicida disfruto de ambos lados del tablero. Soy víctima y verdugo, verdugo y víctima, y no tengo nigún problema en ser las dos cosas a la vez. Porque no me queda otro remedio. Y no sé a qué venía esta cosa que estoy escribiendo. Si me acuerdo, vuelvo.

Escribiendo en mi tele

He conectado mi tele enorme a mi portátil y estoy viendo esto mientras lo escribo en dos pantallas al mismo tiempo, en chico y en grande. Es una tontería, sí, pero me da la sensación de que yo estoy escribiendo en el ordenador mientras otro, un alguien que no soy yo, escribe lo mismo que yo en la pantalla de la tele. Está escribiendo exactamente lo mismo y al mismo tiempo. Es en este momento, ahora, justo ahora, cuando me pongo borgiano y dudo si el que escribe primero soy yo o el de la tele, porque quizá él, el otro yo que no soy yo, está escribiendo antes y yo, consecuentemente, después. Sería yo un imitador de ese eco digital y nada de lo que digo sería original (nada lo es, estoy seguro), sino un plagio involuntario de una mente (de otra mente, quizá no humana, seguro que no lo es).

Ahora escribo OJETE en la pantalla del portátil, en mayúsculas, OJETE, y en la tele, frente a mí ,se ve bien grande, enorme, OJETE. Brutal.

Desblogando la margarita

A veces, cuando quieres hacer algo sin decidir, dicen, se puede desblogar una margarita. Pétalo a pétalo. Arrancas los blogs, uno a uno, alternado el sí y el no, reduciendo la dicotomía hasta quedarse con la única opción posible y con  una margarita muerta que acabará en el cubo de la basura.

Desblogar la margarita, blog a blog, implica caminar hacia adelante sin importar los medios, sin importar que tras de ti quede un cadáver, aunque sea una simple flor y sus pétalos internáuticos llenos de letras que ya no recuerdas.

Hace tiempo que desblogo la margarita. Parece tener infinitos pétalos.com, .net., .org, .es... de todas las formas y colores. Quizá no tenga fin, es mi miedo, y la dicotomía irresoluble y permanente sea mi única opción.

Z.

Z. nunca quiso ser más de lo que es. Por eso no lo veréis hacer o decir, mirar o escuchar. Algo ya es demasiado para Z. Se mantiene al margen de todo y de todos. Como la inicial de su nombre, Z. prefiere esconderse detrás de todas las demás letras, mantenerse más allá de un segundo plano. Si por él fuera, flotaría sobre los demás, agarrado a los bordes de otra dimensión, más invisible que el aire, pero el azar, los hados o lo que sea que pone orden en el caos ha querido que Z. nazca en este mundo y se rija por sus estrechas reglas.

Cuando Z. va a trabajar se esconde en los vagones de metro. Sólo algún adormilado y despistado viajero del suburbano se fija en él, y siempre por error, como cuando involuntariamente miramos al techo y nos encontramos con un bichito o una mancha con forma rara que al momento ya hemos olvidado. Z. se viste de forma neutra, con colores grises, a juego con su mirada. Si pudierais ver su armario tendríais que apartar la vista a los pocos segundos, no porque la ropa de Z. sea desagradable a la vista, sino porque el cerebro humano no es capaz de fijar durante demasiado tiempo su atención en tan vasta monotonía de formas y colores.

Z. tiene su propia escala de valores, principios y normas morales. En un alto porcentaje coincide con el del resto de los humanos de su entorno pero, calculo, hay un 10 o 15% que se sale todo lo visto hasta ahora por antropólogos, sociólogos y psicólogos. Por supuesto, Z. intuye que algo no anda bien en él, pero no se para a reflexionar sobre ello. Sabe que es diferente y que eso lo hace especial, sabe que no encaja, que su brújula marca un norte tembloroso que a veces ni siquiera es norte, lo sabe, pero a nivel subconsciente. No digo que alguna mañana no se despierte con la sensación de haberse equivocado de planeta. Estoy seguro de que de vez en cuando, durante unas décimas de segundo, su mente detecta el desfase que le separa del resto de seres humanos, pero inmediatamente, como cuando se nos desvanecen los sueños, lo olvida.

Con esto que os cuento puede parecer que Z. no tiene una vida dentro de la sociedad. Si esa ha sido la impresión que os he dado al hablar de este curioso hombre, habéis dado en el clavo. Porque es cierto que Z. interactúa con los demás, pero no lo hace con la intención de pertenecer, de conectar. Cuando Z. se comunica con los demás es simplemete para cubrir necesidades básicas, por obligación laboral o porque de no hacerlo sería inmediatamente encerrado en un centro de recuperación de mentes perdidas, o como sea que se llamen ahora los manicomios.

Z. ha entrado hace poco en mi vida, de la manera en la que Z. puede hacerlo: tangencial y superficialmente. Esta cercanía casual me proporciona el privilegio de poder observarlo con la curiosidad y asombro del que ha descubierto una nueva especie sobre la Tierra, y no deja de desconcertarme. Z. es una buena persona, y ahí empieza todo.

Bachata

La bachata de mis vecinos es cansina, repetitiva, y con su poder rítmico es capaz de deformar el tiempo. No sólo la percepción del tiempo sino el tiempo en sí mismo, como la atracción de los astros. La bachata de mis vecinos suena durante horas aunque ellos la reproduzcan durante minutos. Siendo racional, es de suponer que las canciones serán varias, decenas de ellas, con algún silencio entre unas y otras. Pero desde este lado de la pared, parece una única canción, con principio pero sin fin aparente.

No sé si los vecinos bailan. Es de suponer que sí. En España es raro poner sevillanas si uno no va a bailarlas. Mis vecinos sud-o-centroamericanos deben de ser de los que bailan. No me los imagino sentados, escuchando bachata como quien se funde mentalmente con alguna sinfonía. Bailan, ríen, quizá practiquen sexo o hagan sudokus. No lo sé. Hagan lo que hagan, una de las consecuencias de su afición por la bachata es que mi odio por ella aumente, y de paso nazca otro nuevo, un odio por ellos, por mis vecinos que bailan, ríen... y bla bla bla. Y como el fuego se combate con agua (que no con fuego), he sacado mi arsenal personal de música antibachata, que la hay. Si se encuentra la canción adecuada, se reproduce con el volumen indicado y se apuntan los altavoces en el ángulo perfecto, las notas de la canción antibachata son capaces de anular, una a una, las notas de la canción eterna y dolorosa de mis vecinos, igual que los golpes de batería de mi pop, o rock, o folk, barren con eficacia las ondas porculeras de estos incancables bachateros.

Mañana seré yo el que comience el combate. Con el desayuno, toca heavy.

Dolores

Dolores no era Lola, como las demás. Era Dolores, con todas las letras, y no permitía que la llamaran de otra manera. Ni hablar. Y tenía sus razones. Sus padres habían elegido ese nombre con toda la intención, porque era hija del dolor de ella y del dolor de él, acumulados ambos durante toda una vida de sufrimiento y unidos por la casualidad y el amor, y el dolor, del que surgió ella, Dolores, la prueba misma de que a veces, si uno no pone demasiado interés, las cosas pueden salir bien.

Falto de fuel

Ando, ya veis, escaso de saliva últimamente. Es el trabajo, que me quita mi mojo. Sequito de creatividad, falto de espíritu, el simple hecho de pensar en esputar me deja sin aliento. Hoy domingo he decidido ponerme delante del ordenador y tratar de dar lo que me queda, que es bien poco. De hecho, si esto fuera una serie yanqui de televisión, la falta de creatividad del guionista, o sea de un servidor, me llevaría a hacer un lapo recopilatorio con los mejores momentos, a modo de relleno. Sería un lapo nostálgico, un retrolapo, un conjunto de flash-spittle-backs, dicho en argot.

Ahora que me doy cuenta, así, después de unos segundos dándole a la tecla, me doy cuenta de que me está saliendo un metalapo. No sé si he escrito ya alguno. Alguna vez tenía que tocar. Hacer un lapo en el que se hable de los lapos, o del proceso de creación es metalapismo, así, improvisando el palabro. Es lo que hace Marco Salieri cuando escribe sobre el género, él y cuatro gatos más que no llegan a cuatro, realmente. Teóricos de la literatura esputada, ni más ni menos. No es mi costrumbre divagar sobre el género en sí, pero me habéis pillado con flojera creativa y sin querer te pones a pensar sobre cosas sobre las que no sueles rallarte habitualmente. Es como cuando uno se fuma un canuto o similar. Las ideas fluyen sin freno ni sentido, apenas. El cansancio hace algo parecido. La parte del cerebro que controla deja el volante y vamos por la carretera haciendo eses. Y claro, las cosas salen como salen. Me gustaría releer lo escrito hasta ahora para confirmar que estoy flotando sobre la pantalla en lugar de escribir sobre algo con sentido pero entonces ya no sería un lapo, claro.

Hoy he montado varios muebles de IKEA y me duele hasta la llave Allen.

El moco que quiso volver

Dicen los entendidos que no hay moco que no quiera escapar de la nariz que lo vio nacer. Es ley de vida. Nacen, crecen y tienden, por insinto, a buscar el camino hacia el exterior. Así ha sido y así será.

Siempre que puedan, los mocos intentarán salir por la nariz. Es el camino natural. Si por alguna razón el camino nasal quedara cerrado, buscarán la alternativa obvia, la boca. Pero casi nadie quiere salir por allí. Está mal visto entre los propios mocos, pero en casos extremos a falta de pan, buenas son tortas. La razón de este rechazo es simplemente estilística, formal: está feo salir escupido, no hay glamour, es burdo, plebeyo, soez. Sólo algunos mocos de baja calaña, y algo locos, optan de primeras por la salida bucal. Dicen que les va el riesgo, la velocidad, que quieren hacer algo distinto, que salir por la nariz está muy visto, que es la opción burguesa y bla bla bla. Estos mocos rebeldes son pocos, y la mayoría de sus hermanos ni les dirigen la palabra. Se les reconoce fácilmente: en la cola de salida hacia la nariz se suelen quedar los últimos para, en el último momento, cambiar de conducto y cumplir con su sueño demente. Aunque el riesgo es mayor del que ellos creen.

Hay leyendas que los mocos mayores cuentan a losmás pequeños en las que se relata que cuando un moco, voluntariamente o no, toma el camino de la boca, no tiene asegurada la salida. La historia, leyenda urbana para muchos, dice que a veces el moco acaba siendo tragado para, en el mejor de los casos, ser asimiliado por el cuerpo de su creador. En el peor (aquí es cuando los mocos más inocentes suelen jiñarse) son trasladados hacia un tercer orificio de salida que los lleva hacia el temido infierno mucoso.

Ahora que, la historia que más se oye entre los mocos es la del moco que quiso volver. Aunque hay muchas versiones de este mito, el más extendido cuenta que una vez, hace mucho tiempo, un moco que había salido por la nariz (como dios manda) se quedó pegado cerca del orificio de salida, sobre un manto velludo. Desde allí se dice que pudo ver el mundo y tras observarlo detenidamente, desde la atalaya en la que se encontraba, decidió que su destino no estaba en el exterior, que él quería volver a su cálido y húmedo hogar. Como pudo, se arrastró hacia la nariz y gritó con todas sus fuerzas pidiendo ayuda. Algunos mocos, que estaba a punto de salir, se asomaron al oír la voz de su hermano. No comprendían qué estaba pasando. Cuando el moco contactó con sus hermanos y les contó lo que había visto allá fuera, y les explicó que quería volver a su casa, lo tomaron por loco. 'Allá fuera todo es caos', les decía, 'no tenemos nada que hacer y lo mejor que nos espera es acabar pegados en algún sitio frío, lejos de los amigos y la familia'. Pero nadie le creyó y entre varios lo agarraron para llevarlo con ellos al mundo exterior. La historia se vuelve borrosa en este punto. Unos dicen que salió de nuevo, a la fuerza, y nunca más se supo de él. Otros, que corrió hacia el interior de la nariz y saltó mientras gritaba que antes de salir prefería ser tragado. Y unos pocos, que escapó y que sigue escondido allá dentro, con la mente perdida, huyendo eternamente de su destino.

En fin, historias de mocos... me da en la nariz que más falsas que una moneda de tres pesetas.

Europa, año 2030

Europa ya no es lo que era. La idea de una unión de estados se fue al garete hace mucho tiempo. Los pasos que había que dar no se dieron y llegó la desunión. La fuerza de las economías emergentes la había bajado del podio mundial y esto la dejó sin poder de decisión en los temas importantes. Llegaron más crisis, más caos y esto siempre atrae a los buitres del descontento. Los gobiernos pronto cayeron en manos de los partidos de ultraderecha que incendiaron las ya de por sí débiles democracias con sus medidas populistas y reaccionarias. La vieja Europa es ahora más vieja que nunca.

Estrés in itinere

Es aquel que te da por viajar en metro/bus/tren durante demasiadas horas, con todo lo que ello conlleva: ir de pie durante una hora, hacer trasbordos y meter y sacar como un pistolero del oeste americano tu abono transporte, siempre dispuesto a fallarte cuando el dichoso torno que eliges, siempre hay alguno, está estropeado.

En las últimas dos semanas he hecho más de 40 horas de transporte para ir a trabajar. Cuatro horas diarias. Dos para ir y dos para volver. Dos en metro y dos en bus. Así de sencillo. Y todavía me queda una semana. Lo bueno es que en agosto todo cambiará. Esas cuatro horas diarias se convertirán en dos y me parecerá poco, cuando tampoco me parece normal que para ir a trabajar uno tenga que hacer una hora de transporte por trayecto. Pero por ahora será así. Mientras el cuerpo (y la mente) aguante será así: dos horas al día perdidas, que serán 10 a la semana, más de 40 al mes, más de 400 al año... ¡como para no estresarse!

Ya es lunes

Lo sé, no es lunes, es domingo, pero para mí ya es lunes. Es la falta de costumbre la que me impide disfrutar de los domingos y a media tarde, ahora, el lunes ya está contaminando el domingo, mi domingo, lunesizándolo, si se me permite, por contacto, restando horas que no son suyas, quedándoselas, malmetiendo víricamente, acaparando y jodiéndome el fin de semana. Espero que mis anticuerpos reaccionen pronto y mis domingos puedan ser domingos al 100%. Si no, no sé qué haré.

Último finde de parado

Si todo sale como debe, este será mi último fin de semana de parado desde agosto de 2009. Casi dos años de inactividad laboral, mi récord desde que empecé a trabajar. En estos veintitantos meses he gastado mi tiempo en cosas poco productivas, algo que ha requerido todo mi esfuerzo, porque no es fácil criogenizarse sin perder algo de cordura y yo creo que lo he conseguido. Me aplaudo e incluso algún ¡Bravo! se me escapa. Pero lo bueno no dura eternamente. Ahora hay que volver a madrugar, que era algo casi olvidado, a cumplir horarios y a rendir como el que más. Será duro el cambio, seguro, pero el ser humano es como la plastilina: en pocos días será como si este impass no hubiera existido y olvidaré que antes de bola fui ladrillo. Es una de las ventajas de tener mala memoria: todo lo que sucedió más allá de seis meses atrás me parece un sueño que alguien me contó; es ajeno, borroso y pasa del estado sólido de lo real al gaseoso de lo imaginario.

De pisos y mudanzas

Como los zahoríes y sus aguas subterráneas, salto de calle en calle con mi palo retorcido. Pero lo mío no es el agua. Lo que yo busco sentir ese picorcillo en la nuca, el mágico chivato, que me señale hacia donde se encuentra el que será mi nuevo hogar. Y no es nada fácil. En el camino hay mil trampas, y evitarlas es sólo una pequeña parte de proceso. Porque pisos hay miles y sólo uno es el mío.

Bajo el sol del verano asfáltico, me dejo los ojos en esos carteles de Se Alquila, tratando de adivinar si aquello es un 1 o un 7, y llamo, cansado, ilusionado a veces, derrotado otras, las más, deseando que ese sea el definitivo y la tortura se acabe, dando paso a la siguiente, que es peor por dura, por estar más cerca del final, y porque no hay cuerpo que la aguante: la mudanza.

Y se da la paradoja de querer y no querer al mismo tiempo. Mejor ver más pisos, que no llegue el bueno, porque de ser así entonces ya no habrá forma de retrasar lo inevitable, de tener que, otra vez más, cargar con todo para volver a empezar.

Temprano

Hacía mucho que no madrugaba. También hacía mucho que no compartía autobús y cercanías con otra gente a esas horas, 7 de la mañana, 8, cuando acaban casi de despertarse, o ni han llegado a ese punto aún. El silencio del autobús, las caras desencajadas, todavía en pedazos que se irán recomponiendo a lo largo de la mañana. Se me hizo raro. Parecía una caravana de presos insomnes camino de la penitencia diaria. Y yo estaba con ellos, pero a la vez estaba fuera. Yo no madrugaba para trabajar sino para buscar trabajo. Que es otro tipo muy distinto de trabajo.

Tras una hora de autobús tocó echar casi otra en cercanías. Ya era más tarde, era más de día, ya hacía calor. La gente leía más, escuchaba música, hablaba incluso. Las caras ya parecían humanas. Habría que ver, pensé, cuánto podrían aguantar así, porque más tarde o más temprano, la fuerza que une los pedazos volvería a enflaquecer y a descomponerse. Volverían las caras fantasmales que había visto tan sólo una hora antes y todo volvería a empezar. La vida, la llaman. El bucle finito, digo yo.

El recado

Bajo los escalones de dos en dos, sudando, que es mi estado natural con estos calores. Al final de la escalera parece esperar Lourdes, la vecina, una viejita de edad indefinida que anda tan despacio que para detectar su movimiento hay que usar un sismógrafo. Una vez, hace años, cuando ella todavía se paraba a hablar conmigo, me contó que había nacido en el mismo edificio, nuestro edificio, y nunca jamás había vivido en otro lugar. Cuando le dije que yo había cambiado una decena de veces de casa, me tomó por loco o mentiroso. Seguro que cuando vuelva de mi recado, ella sigue allí, tendiendo hacia la escalera, rezando en silencio por subir el tramo de escaleras que la llevará a su casa, a ser posible antes de que caiga la noche.

Salgo a la calle y el calor me lanza hacia adentro. No salgas, parece decirme, si sales te quemo, vuelve a tu casa y enciende el aire acondicionado, no eres bienvenido. Ya me gustaría, pienso, pero hay algo que tengo que hacer y que no debería dejar para otro día.

Intento andar ligero. Cuanto antes llegue antes volveré. Ya me imagino bajo la ducha, el agua helada cayendo sobre mi cabeza, maldito verano. Trato de andar rápido pero al poco el calor me puede y equiparo mi paso con el del resto de los viandantes: lento, arrastrado, moribundo. Son tres calles nada más. En cualquier otro momento sería menos que nada. Ahora se me hace eterno. Cada paso es una losa que me echo a la espalda pero durará poco, me digo, poco, sólo unos minutos, me repito. Cuando llego al primer paso de peatones el semáforo de los peatones se acaba de poner en rojo. Arriba, el sol, abajo, el suelo quemante. No podré. No llegaré, confirmo, rendido. Y del arrepentimiento saco fuerzas para volver a casa, a mi lugar fresco, a la sombra, a la ducha soñada. El recado será para otro día, a ver si hace menos calor, me digo mientras entro en mi edificio, adelanto a la viejita Lourdes, que parece seguir en el mismo sitio en el que la dejé, y subo de dos en dos los escalones hasta la seguridad de mi casa.

La abuela exorcista

Mis vecinos tienen un bebé que llora y a veces, las menos, se calla. Sin seguir un criterio deducible por una mente humana, hay días en los que llaman a una exorcista, que además resulta ser la abuela, para que calme a la criatura (demoniaca). Esos días, a este lado de la pared, se convierten en puro estrés.

La señora se esfuerza mucho por consolar a su nieta y sacarle el demonio que lleva dentro. Entre sus técnicas destaca el Canto a Grito Pelado, que atraviesa los tímpanos del bebé, luego la pared y acaba por meterse en mi cabeza, donde provoca un estropicio neuronal que no os podéis ni imaginar. Gracias a sus sortilegios atronadores, la niña acaba gritando más, no sé si porque no le gusta lo que le canta su abuela, por el dolor que le producen los gritos en sus oiditos o simplemente porque da por hecho que lo normal es ir gritando por la vida e imita a su vociferante abuelita. Si os soy sincero, prefiero oír llorar al bebé que cantar-gritar a la abuela exorcista con sordera. Cuando se junta el lloro luciferino de la peque con el canto sísmico de la exorcista, que son la mayoría de las veces, simplemente prefiero morir.

Cuando el bebé ha dejado de llorar (por cansancio o porque le ha dado la gana), la abuela decide que ha llegado el momento de ejecutar su segunda técnica: la Carantoña Desquiciante. Por supuesto, las carantoñas estas también vienen acompañadas de sonidos inhumanos. La técnica es bien sencilla: la señora le habla-grita al bebé como si este fuera subnormal sólo que al final quien acaba pareciendo subnormal es ella. La abuela tiene toda una retahíla de frases hechas, todas ellas laudatorias hacia la belleza, pequeñez o whatever it is de la bebé en cuestión, y las lanza cual cañonazos sonoros poniendo voz de retarded human being. Después de unos pocos minutos, invariablemente, el bebé vuelve a llorar y la abuela se siente impelida a ejecutar de nuevo su primera técnica, el Canto a Grito Pelado. La suma de Canto y Carantoña en forma de bucle infinito recibe el nombre de Círculo Vicioso Asquerosete o Suicidal Fucking Loop.

Una vez la abuela exorcista ha decidido que el demonio ha salido del cuerpo de su nieta, se despide (a gritos), se va y nos deja a todos en paz (empezando por su nieta), aunque con el miedo en el cuerpo, porque sabemos que quizá mañana la volvamos a tener ahí, al otro lado de la pared, gritando como una posesa.

Políticos, cosa del pasado

-"A principios del siglo XXI", copiad esto que seguro cae en el examen, "se acabó con el sistema por el que unos hombres, llamados políticos, gobernaban al resto de la población". ¿Lo tenéis?

El Sistema de Educación Personal miró fijamente a Ric, esperando que confirmara que había asimilado la información. Igual que él, otros millones de niños escuchaban aburridos la clase, cómodamente sentados en sus casas. Claro que lo tenía. Conocía la historia de ese siglo. El fin del sistema representativo y de los políticos como figuras dominantes. En cuanto la tecnología permitió la participación directa ya no hizo falta delegar las decisiones importantes en esos representantes. Tan sólo se elegía a un número reducido de funcionarios para cuestiones menores administrativas. La mayoría de las decisiones eran tomadas en conjunto por toda la población mediante el voto online.

Ric todavía no tenía edad pero pronto, quizá a los 15 años si pasaba el examen de madurez, podría también decidir. Había visto infinidad de veces a su padre ejercer su derecho. Tres o cuatro veces a la semana le llegaba un aviso con las decisiones pendientes. Tras leer los informes, siempre breves y precisos, accedía al sistema y marcaba su voto. Así de sencillo. Lo mismo para elegir políticas educativas que para decisiones bélicas o económicas. Todo estaba en manos de la elección directa de los ciudadanos. Ric estaba ilusionado y pronto podría decidir, estaba seguro.

-"Los políticos fueron despedidos aunque gradualmente. No todos los países aceptaron el cambio desde un principio. Algunos se resistieron. Había muchos intereses personales. El poder era algo ansiado por muchos". Clase de Historia número 103 terminada. Descanso de 10 minutos antes de Clase de Literatura número 46.

Infinitamente estúpido

El concepto de infinito es inabarcable por definición. El de estupidez nos queda más a mano. Todos conocemos algún estúpido o algún amigo nuestro conoce a alguno. Incluso es posible que nosotros mismos hayamos sido estúpidos alguna vez, puntualmente, y que ahora, a toro pasado, se nos haya olvidado que tuvimos ese ramalazo tan vergonzante. Hasta puede ser que nos de cosilla admitirlo, y no por haber hecho alguna estupidez, sino incluso por haber sido estúpidos mediocres, sin gracia. Estúpidos inútiles, incompetentes, estúpidos aficionados. Porque tener un comportamiento estúpido es más difícil de lo que se puede pensar. De ahí el mérito de aquellos que lo son, estúpidos integrales, durante las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, festivos incluidos. Yo los alabo, los envidio, a partír de ahora públicamente. Pero cuántos estúpidos así puede haber en el mundo. No son muchos, seguro. Hasta el más estúpido de los estúpidos puede bajar la guardia (más bien subirla) y dejar a un lado, aunque sea por unos segundos, su preciado don. Un buen día lo tiene cualquiera, se podría decir.

En el horizonte de perfección, en el mundo ideal del estúpido, está el infinitamente estúpido, hacia donde todos los iniciados quieren tender aunque sea inconscientemente. Allí, al final del camino, se alza, como un faro sin luz, el ideal abstracto e inalcanzable de estupidez suprema. Alabado sea.

Soy una señora gorda

Soy una señora gorda con pamela y me he equivocado de lugar o de ropa. Voy vestida como para la boda de Kate y William pero estoy sentada en la grada de la pista central de Roland Garros. Ahora mismo hay dos señores jugando y parece muy emocionante. Golpean una pelota amarilla y la gente aplaude. Uno va de rojo y el otro de blanco. Un señor a mi derecha me explica que uno se llama Feodor y el otro Nole o Nolen, no sé muy bien. En resumen, el que gane llegará a la final, que es el objetivo, o no, luego allí tiene que jugar con otro jugador, uno español o mejicano y el que gane ese partido, ahora sí, será el campeón.

La verdad es que no sé lo que hago aquí pudiendo estar jugando al cinquillo con mis amigas, pero a lo tonto me he ido aficionando al juego este. Aunque no entiendo muy bien en qué consiste no puedo evitar gritar con el resto del público cada vez que uno u otro gana su punto. Es irracional, lo sé, pero aquí sigo, esperando que uno u otro terminen ganando, la gente se vaya de aquí y yo con ella, a casa, si averiguo cómo llegar desde aquí.

Propaganda electoral

Me ha llegado a casa esta mañana. Y luego dicen que Correos es fiable. Jur.

Reflexión sobre las elecciones

Muchos jodidos/contentos porque ha ganado el PP/perdido el PSOE/ganado Bildu/etc. Pero da igual, amigos. Ganen unos u otros, perdemos todos:

#Alamierdacontodo
#CastraciónquímicaparalospolíticosYA
#SociatayFachaAmorAnal
#Pardilloeressitecreesquetodoestovalaparaalgo
#Noslametendobladayencimaaplaudimos
#Molael15Mperolequedan2telediarios

En fin.

Elecciones en Mordor

¿Elecciones en Mordor? Sí, amigos. Mordor ya no es lo que era. Quién la ha visto y quién la ve... ¡A Mordor no la reconoce ni la madre que la parió! Pero vayamos al grano...

El Señor Oscuro, Sauron para los amigos, después de una protesta masiva de sus súbditos, que estaban hartos de comer carne podrida día sí y día también, accedió, graciosamente, a conceder a su pueblo la capacidad de elegir a sus gobernantes directos (gobiernos locales y regionales), como si el voto fuera a quitarles el hambre.

Incomprensiblemente, esta decisión fue recibida con júbilo tanto por la masa orca y como por las minorías de semiorcos, trasgos y uruk-hais. Según declaraciones de los líderes orcos, "seguimos teniendo hambre pero se sienten mucho más libres", y eso, quieras que no, ayuda a sobrellevar mejor las horas del día, aunque sea a pan y cebolla.

A lo largo de las dos semanas siguientes se formaron los partidos políticos, hasta ahora ilegales, y se programó la campaña que habría de finalizar el mismo día de las elecciones, el primer domingo de siguiente mes, fecha elegida por el mismísimo Sauron y sobre la que no hubo ninguna discrepancia (como para llevarle la contra...).

Tras las solicitudes de legalización, fueron inscritos cinco partidos políticos de muy distintas tendencias. El Partido Legionario de Mordor y el Partido por la Invasión de la Tierra Media son los que parecían tener mayores apoyos. El Partido Libertario del Pueblo Orco fue el único que no cumplió con las condiciones para su legalización. El propio Sauron declaró "sentirse indignado" por los estatutos de esta organización que incluyen entre sus propuestas la dimisión inmediata del Señor Oscuro de su cargo como Señor de Mordor y la convocatoria de unas elecciones generales. Obviamente, los más de 15.000 miembros de esta facción fueron ejecutados inmediatamente y dados como alimento a las hordas de huargos del Ejercito Oscuro.

Tras estos retrasos burocráticos menores, la campaña electoral comenzó con fuerza e ilusión. La pega de carteles, que el pueblo hambriento se comía nada más ponerlos, fue sustituida por mítines e intervenciones más directas, siempre acompañadas de comilonas, peleas organizadas e incursiones en tierras extranjeras dirigidas por los propios candidatos, que repartían alegremente el botín entre sus futuros votantes.

El día de las elecciones Mordor era un hervidero. La participación, según los sondeos a pie de urna, fue masiva, como todo lo que hacen los orcos. Todos los vecinos de Mordor, censados previamente, pudieron presentarse en su localidad y presentar su voto casi sin ningún problema. La papeleta, por cierto, se diseñó para facilitar el voto de la mayoría analfabeta. En el papel se podía ver la cara dibujada de los candidatos (fuera de Mordor, entiendo que distinguir un orco de otro es prácticamente imposible, pero entre ellos sí que se reconocen y no hay lugar a confusión en el voto) y para elegir el votante sólo tenía que tachar una. Fácil.

Cuando decía que pudieron presentar su voto "casi" sin ningún problema me refería a lo siguiente. Es cierto que el pueblo orco es de natural brutote y a veces las situaciones se les van de las manos. La votación iba bien hasta que alguien dijo algo de la madre de no sé quién y claro... en muchas mesas electorales hubo heridos, incluso muertos. También hubo, por qué no decirlo, miembros de las mesas electorales que fueron tristemetne engullidos por algunos votantes. La cosa se desmadró un poco, algo que era de esperar conociendo el temperamento de estas gentes. Los "problemillas" que no se dieron durante la votación aparecieron durante el recuento. Ya lo dice el refran, "pon un orco a contar y acuéstate a descansar". Los números no son lo suyo, está claro, y esto inevitablemente conlleva desacuerdos, malentendidos, dimes y diretes. Y de unas palabras salidas de tono a una masacre caníbal, en Mordor hay un sólo paso.

En fin, que no salió demasiado bien el experimento electoral. Sauron los dejó hacer hasta que el número de bajas en su ejército alcanzó un punto peligroso y luego, como es habitual en él, tiró de Anillo y los puso a todos firmes.

A la semana siguiente a los orcos se le había olvidado lo de las elecciones. Seguían teniendo hambre, eso sí, pero tenían otra idea en la cabeza, más propia de su especie: invadir Gondor y ponerse hasta arriba de sus famosas empanadas de berberechos.

Coque Malla

Tengo en Play el último disco de Coque Malla y no puedo saber si me gusta o no, porque siempre que oigo, digo, leo, escucho a Coque Malla, su voz, su nombre, whatever, me viene el recuerdo de aquella escena en la que discute a gritos, con su voz de gnomo, con Penélope Cruz, y su voz chillona, en 'Todo es mentira'.

El recuerdo de esa escena no me deja escuchar el disco. Probaré mañana.

Nuevas Generaciones Juveniles del PKP

En los estatutos del grupo simplista PKP queda bien claro que una de las labores más importantes de sus miembros consiste en extender por el mundo el pensamiento simplista todo cuanto sea posible. Hasta ahora, las técnicas utilizadas han sido de lo más aburridas: escribir sobre el tema, abrir blogs, grupos de Facebook, hablar con la gente de nuestra forma de pensar, hacernos unas camisetas con el logo y cosas así. Después de un porrón de años de ir cantando nuestras paranoias a los cuatro vientos cual trovadores, sin mucho éxito, todo sea dicho, uno de nuestros fundadores, Miguel, ha decidido probar otra técnica, que hasta ahora no habíamos contemplado y que, si se pone uno a pensarlo, no es tan mala idea. De hecho puede que así consigamos más que con todo lo hecho hasta ahora. ¿Y cuál ha sido la idea este preclaro fundador simplista? Se ha reproducido. Así, como lo digo. El planteamiento ha sido el siguiente: ¿para qué convencer a nadie de las ventajas filosófico-cognoscitivo-vitales del Simplismo si es posible crear un ser humano nuevo y apuntarlo, así, como quien bautiza a un protocatólico o hace socio a su criatura de la Real Sociedad nada más nacer? ¡Ideaza, la miremos por donde la miremos!

¡Así es que damos la bienvenida a los PKP, en su sección infantil (o iPKP), a Vera, primera prueba viviente de que el Simplismo tiene futuro más allá de las vidas de sus fundadores!

¡Y mandamos la enhorabuena a la madre, Lara, simplista y pkpera consorte, que parece que ha tenido algo que ver en esta apuesta tan novedosa de Márketing Orgánico!

Al padre, por supuesto, le haremos un monumento... estamos pensando si será una bola enorme o una losca con su nombre... Ya lo concretaremos y los simplistas serán informados en el próximo Boletín Simplista.

Un saludo a todos.
Marco, miembro fundador.

Lluvia y sol

A veces hablo del tiempo. Me gusta hablar del tiempo, del atmosférico. Y no es por rellenar, es que es un tema importante para mí. Si llueve me quedo en casa, y si hace sol a veces me permito salir un rato a la calle. Tampoco demasiado. El sol a veces puede joder tanto como el agua.

Esta mañana me ha llovido a traición. El corto trayecto que va de casa al proveedor de pan del pueblo se me ha hecho eterno. De ser un poco menos corto habría necesitado barca y remos para llegar a casa. Vamos, que me he mojado, y bien.

La Naturaleza tiene formas muy sencillas de joderte la mañana sin recurrir a escupirte lava encima. Es sutil cuando quiere. Con un chaparrón espontáneo puede ser suficiente para ella. De sobra para mí.

La gata en la ventana disfruta del sol que ahora mismo intenta quemarme la mano izquierda. La gente no entiende que llegadas estas horas cierre las cortinas, que evite el sol. Pero si es genial, tan cálido, revitalizante, y bla bla, me dicen. Mierdas. Si no cierro la cortina, dentro de un rato mi mano izquierda arderá y el olor a carne quemada no me dejará seguir escribiendo.

No estoy hecho para el sol, ni para la lluvia. No es este mi mundo, concluyo así, de mala manera.

Últimos 10 minutos de Bin Laden

Había pasado una semana desde la mudanza. Osama era feliz. Hasta estaba rollizo de la buena vida que se estaba dando. Después de un huevo de años viviendo en una cueva mugrienta Osama había dado un golpe en la mesa y gritado: "¡Estoy hasta los huevos... me da igual que me maten, yo me voy de aquí hoy mismo... y ya me podéis estar buscando un sitio digno de mí, de lujo, vamos!". Y así fue. Pedazo de mansión le buscaron sus lugartenientes. Tendríais que ver lo contento que se puso. Cuando vio que iba a dormir en una cama en condiciones, comer como las personas y usar un váter relimpio no pudo evitar soltar un lagrimón de alegría. "Así ya pueden venir y pegarme los tiros que quieran, hombre. Moriré con honor, bien dormido, bien comido y bien cagado". Y así fue... o, bueno, casi.

Estaba en medio de una de sus meditaciones cuando se miró los pies. No pudo evitar torcer el gesto: tenía unas uñacas como garras de águila afgana. Y sabía que su muerte estaba cerca. Estos yanquis seguro que ya sabían que había dejado la cueva. No, se dijo, así no me pillan. Entonces pidió un cortauñas tamaño XL y se puso a cortarse aquellas excrecencias cartilaginosas inhumanas, muy útiles en la montaña, pero totalmente prescindibles en el mundo civilizado. A unos minutos de allí, Osama no se equivocaba, estaban las fuerzas norteamericanas, a punto de entrar y cargárselo, porque esa era la orden, disparar a matar. Nada de contemplaciones con el enemigo número uno. Pero llegaron tarde. Justo cuando el cabo Jones entraba en la sala en la que estaba Osama cortándose las garras, una esquirla de uña del dedo gordo salió disparada después de un clic del cortauñas, con tan mala (o buena) suerte que atravesó el ojo derecho del líder terrorista... y no se quedó ahí, sino que alcanzó el cerebro y lo dejó fiambre ipso facto. Bestial.

El gesto del cabo Jones fue de flipar. Se había quedado con las ganas de disparar a Bin Laden. A la mierda lo de ser el héroe americano. El cabrón de Osama se había hecho el harakiri con una uña del pie. Y ni eso, porque aquello tenía pinta de haber sido un accidente. Al momento se comunicó con su superior. La orden fue clara e inmediata: "¡Tiradlo al mar, hostias!, ¡¿o es que queréis que todo el mundo piense que somos imbéciles?!", le gritó el capitán, "¡y si alguien os pregunta, decís que lo matamos a tiros, como dios manda, eh!

Revisión #416: Planeta Azul 36

Como cada quinientos AMMs (Año Medio Multiversal), dirigimos nuestra mirada hacia el Planeta Azul. Si os soy sincero, me paso los últimos cincuenta años antes de este momento de lo más nervioso, preguntándome qué estará pasando por allí. Es, sin exagerar, el planeta más interesante asignado a mi grupo de trabajo. Más de una vez he tenido que luchar contra la tentación de reprogramar el plan establecido y dirigir los sistemas a ese pequeño planeta acuoso dominado por humanos (así se llaman a sí mismos). Pero consigo contenerme. De otra manera, es seguro que sería degradado por la Agencia, quizá retirado definitivamente.

La evolución durante los últimos milenios en el Planeta Azul ha sido mínima. La última vez que eché un vistazo la civilización más avanzada se encontraba en un estado bastante primitivo pero tuve la sensación de que se avecinaban cambios. Pronto, aposté con otro Observador, llegará el Progreso, paso necesario antes de la Autodestrucción. Pocas especies superan esta fase. Nosotros lo conseguimos, obviamente, pero somos una rareza en el multiverso. La fecha exacta (consulto la base de datos), según el calendario local dominante, fue el 19 de octubre de 1469. Recuerdo que uno de los hechos más importantes del día fue la unión de dos líderes, la reina Isabel y el rey Fernando (rey y reina son conceptos muy extraños en el resto del multiverso... son cargos de dominio heredados, resumiendo, que se dan en estadios muy primitivos de la evolución histórica y sólo en algunas especies menores).

Los sistemas empiezan a recibir datos del Planeta Azul. Las primeras imágenes y sus interpretaciones aparecen ante mí. No puede ser... Los sistemas han de estar equivocados. Reviso las cifras. Son correctas. Según los datos, casi dos mil millones de seres están pendientes de la unión entre un protorrey, William, y una protorreina, Kate. Vuelvo a consultar los sistemas, incrédulo. Repaso el resto de variables: religión, dictaduras, guerras, desigualdades... Uf, menos mal. El Progreso ha llegado, como esperaba. Pronto pasarán a la siguiente fase, aunque el ritmo es demasiado lento en comparación con otras civilizaciones. La Agencia no confía en este tipo de civilizaciones. No suelen recuperarse tras la Autodestrucción. Una lástima.

Sugiero en el informe la posibilidad de acortar más las revisiones de este planeta (cada 250 AMMs) y rebajarlo de categoría (de AAA a A-) en la Escala de Confianza de la Agencia. Habrá que ver si cambia la tendencia o tenemos que darlos por perdidos.

Siguiente objetivo: Revisión #653: Planeta en Desarrollo 361.

Flato

El portero estaba vencido. Los defensas, a muchos metros a su espalda. El delantero, pues, tenía en su pie el gol de la victoria. Casi a puerta vacía. Cargó su pierna, cual catapulta, y justo antes de golpear el balón, le dio flato.

Cuando te da flato no hay nada que hacer. Te da, te jodes y ya. Se acabó lo que se daba. La pierna intenta acatar la orden del cerebro pero se distrae, qué fatalidad, con el jodido flato. El flato es el talón de Aquiles de todo deportista. El flato es el Caballo de Troya que te suelta una coz del todo inesperada. El flato te roba la hombría, el gesto heróico, el triunfo y, a un futbolista, la concentración y el tino. El flato es una puta mierda, dicho mal y pronto. El flamante flato flatulento de los cojones. Y allí estaba.

El balón se fue blandito hasta las manos del portero, suave, inocente, que miró al delantero sin comprender. "Puto flato", pudo leer en sus labios. Claro, cómo si no, pensó el guardameta, cómo si no.

El peluquero

Hace muchos años que no voy a una peluquería. Es un acto completamente innecesario dada mi alopecia galopante. Así es que he perdido algo propio de esos lugares: la conversación con el maestro de las tijeras y el peine, primero, y el vínculo peluquero-cliente que se crea después. El vínculo es lo más. Esa relación tan especial no se da en ningún sitio más. La habida entre el dueño del bar y el cliente habitual se le acerca... pero es distinta. Que un tío te toque la cabeza, corte tu pelo, el contacto, la cercanía... no sé, eso sólo se puede parecer a la relación del cirujano con el paciente, y en este caso el segundo está anestesiado, así es que no cuenta.

El vínculo entre peluquero y cliente es algo que echo de menos. Recuerdo al último peluquero de mi vida, que no fue el último en sentido temporal, pero sí el último con el que se dio ese lazo, esa confianza, ese llegar y que sin que tú le dijeras nada él supiera cómo querías el corte. Eso es algo que nunca se olvida.

Y por qué me acuerdo de esto ahora... porque hoy he comido en un restaurante regentado por un peluquero retirado de fama comarcal (nacional, según él), que me ha servido el menú del día, medio torpemente, y ahora, horas después, sigo preguntándome cómo es posible que haya querido renunciar a su trabajo, a su arte, a lo que se le da bien (muy bien, según él) y, sobre todo, a ese vínculo especial con el cliente que tanto echo de menos.

Sin internet

He estado una tarde y pico sin internet. ¿Grave? No, lo he llevado bien. Relativamente bien. He descubierto que el día tiene muchísimas horas. Más de las que creía. Algunas de ellas elefantiásticamente eternas. También he confirmado que un ordenador sin internet tiene un uso anecdótico, más si eres, como yo, una persona que no le da más uso exointernáutico que el que le da, que es 0,1 tendiendo a 0. Otra cosa gorda: sin internet Spotify no funciona. Lo sé, es una obviedad. Pero no te creas, que no lo es tanto... que he tardado en darme cuenta de que la razón por la que no se oía la canción era porque no había conexión. Internet es como la electricidad, el agua, y, diría más, como el oxígeno en las arterias. Vital es poco.

No tener internet ha sido llevadero. Recuperar la conexión ha sido traumático. Mientras he estado sin internet en el mundo han pasado tantas cosas que cuando he vuelto al cibermundo ha sido todo un shock: me sentía como mi abuela cuando trataba de hacerle entender los fundamentos físicos de su televisor... completamente desfasado. Al entrar en Twitter la gente se reía de algo que todos conocían menos yo. Al abrir el periódico online una crisis política se había resuelto y yo ni siquiera sabía que había comenzado. En Facebook, sin saber cómo, mi lista de amigos había sufrido dos bajas. No te digo ya la cola de series pendientes de ser descargadas... ¡infernal! Y eso que han sido sólo unas horas.

Mañana me voy diez días de vacaciones. Y serán diez días sin internet. Sin internet. Diez días, diez. Un 1 y un 0. 10. X en romano. Todos los dedos de las manos de un ser humano completo.

¿Os he dicho que me voy diez días y que no tendré internet?

Jaja jaja ja


ja


ja



ja ja



ja


ja

Libros

Hoy toca seleccionar libros. Muchos irán a la biblioteca de pueblo. Una treintena, para mis hermanos. Y otro montón se quedarán en casa, creo que los menos. Es difícil elegirlos. Conmigo se quedarán los regalados y los de mis autores favoritos, a los que sigo libro tras libro, y los ensayos. Para mis hermanos reservo algunos de los que más me gustaron pero sé que no releeré. Mejor que los tengan ellos y los disfruten como ya lo hice yo. A la biblioteca donaré el resto: algunos que me gustaron, otros que no, medianías y algún clásico releído.

No es fácil elegir bien. Tampoco es fácil deshacerse de ellos. No soy un fetichista de los libros, por suerte, pero han estado siempre conmigo y les cuesta dejar su sitio en los estantes. Pero es necesario. Nuevo espacio para nuevos libros, o para otras cosas, que para surtirme de libros ya están las bibliotecas.

Vecinos

Hoy han llegado los nuevos vecinos. Traen un bebé, suyo, imagino.

Ya ha empezado a llorar.

(S.O.S.)

Por el campo

Por donde yo vivo los conejos suelen ir a su bola por el campo. No hay orden. No hay reglas. Nadie inventó jamás, ni pensó en inventar, un Código de Circulación para Conejos, Liebres y otras Bestias, aunque no habría sido mala idea. Así es que cuando vagabundeo por el campo (es lo que hago, no andar, ni pasear, ni marchar ni correr (plantear esto último va más allá de la ciencia-ficción según mi estaticus modus vivendi)) y veo dos o tres conejos salir disparados en una huida loca (¿huyen de mí?), desenfrenada, me pregunto si no sería posible cogerlos un día, sentarlos como las personas, y explicarles que no es necesario que vayan follaos por la vida, que no hay prisa, que la slow life es posible, que nada tienen que temer de un inocente urbanita metido a homo ruralis como yo, que además no me gusta el conejo (soy más de pollo), que si quieren venir a mi casa están invitados, que hasta tengo zanahorias si las quieren... no sé, un poco más de cordura y menos correr, que eso es de no tener cabeza y muchas ansias, y de la malas. ¿Y viviendo así, con esas prisas, cómo pretenden evolucionar?

Echa la cuerda

Échala, le dices al portero automático. Entonces entras en el portal y te pones bajo el hueco de la escalera, con la compra esperando en el suelo, en su bolsa, y al poco ves aparecer sobre tu cabeza el gancho metálico atado en el extremo de la cuerda, la que siempre ves enrollada a un palo y guardada en el armario, junto al dominó y el superglue. Cuelgas la bolsa en el gancho y la cuerda se tensa. Al segundo empieza a subir. Y si asomas la cabeza por el hueco puedes ver la bolsa subir a tirones, y arriba, en el cuarto piso, en el otro extremo de la soga, los fuertes brazos y la calva siempre morena de tu abuelo.

Lapo 900

A diez días de cumplir 7 añitos lapeando en internet, doy a luz el lapo 900, que tiene tela ya el coñazo que estoy dando con esto para que luego me lean cuatro gatos tanto o más pirados que yo...

No sé si alguna vez he hablado aquí de mi idea de escribir lapos para el futuro... ¿no?, ¿sí? Es igual, lo vuelvo a contar si eso.

He pensado en escribir un lapo extra por cada lapo que escribo normalmente y programarlos para que se publiquen a partir del año 2060 o por ahí, que espero ya estar más bien muerto. Si Google sigue existiendo, y también este blog, e internet, y el ser humano, claro, que creo que es mucho suponer, una vez fiambre seguiré publicando lapos, quién sabe si por otros 50 años... Seré algo así como el Cid Lapeador (el nombre también ha sido idea mía... ya sé que no es muy original, pero bueno, puf, es lo que hay).

Es un plan tan estúpido como otro cualquiera, pero bueno, es mío y hago con mi vida lo que me da la gana... Eso o paso de todo y me cargo el blog, que ya sabéis que de vez en cuando tengo esos prontos pirocibernéticos.

Pues eso, que Feliz Lapo 900 para quien guste celebrarlo conmigo y con mis ralladas, que ya son de todos, mal que os pese.

El tonto del quad

Tú vas por una vereda de tierra, por la sierra, rodeado de naturaleza, con los distintos piares de los pajarillos como banda sonora, atento al agua de los arroyuelos que salpican el camino, observando los renacuajos que quieren llegar a rana en los charcos del camino, las águilas (crees que son águilas) que cuelgan del aire y te miran por encima del hombro desde sus alturas... pero claro, siempre hay un tonto montado en un quad que te jode el equilibro emo-espiritual con el infernal ruido del motor de su bestia de metal y que te adelanta a toda hostia, no sin antes dejarte empanado con una nube de polvo y mala leche, el muy hijo de la gran...

Inmoribundicia

ALERT!!

Moribunded PC Incoming

FUCK YOU!!!

Esto me sale en la pantalla de mi ordenador. ¿Qué hago, eh?

Sin aire

La dejo sin aire, porque ella sigue la varita por la escalera, por el rellano, por encima de la cama, hasta desfallecer. No piensa. Sólo quiere cazar y corre y corre y salta, y vuelve a correr hasta quedar con la boca abierta y el corazón a mil. Su hermana espera tumbada, observa la locura desatada por la pequeña, mueve la cabeza siguiendo las carreras inútiles de la otra. No entiende por qué el ansia, por qué correr tanto si al final el premio no merece la pena. Una, inocente, atrapada en la infancia, llena de ilusión; la otra, revieja, cínica sin saberlo, pragmática. Y ninguna ha cumplido el año aún.

Luego dirán que los gatos son todos iguales...

Borrador a resguardo

Con esta lluvia la única opción que me queda es escribirme en el blogger y guardarme como borrador, a resguardo de todo, y si la normalidad se digna a aparecer, quizá, sólo quizá, saque la cabeza del caparazón en busca del maldito sol.

Y las gatas siguen esparciendo pelo por toda la casa, como si quisieran polinizarla, como si creyeran que dentro de unos días nacerán árboles de entre las losas, árboles de pelo en pecho, árboles melenudos, heavys, y que de ellos caerán los frutos peludos, su descendencia, nuevos gatos dispuestos a arañarlo todo. Están tan locas como yo, les digo, y qué me van a decir ellas, ¿loco tú que hablas con gatos?

Comprador compulsivo

En la armería tenían de todo. Yo iba con la intención de llevarme un revolver de los de siempre: un Smith & Wesson del .38, con el tradicional tambor de 6 balas. Nada especial. Pero ya se sabe. Llegas con una idea y pronto la cabeza se te llena de miles de posibilidades. Y el vendedor, que es mucho vendedor y como no vayas con cuidado te vende hasta a su madre. En fin, que lo que empezó como una sencilla compra se convirtió en algo más complejo. Sólo decir que la mayoría de las cosas que compré me llegan mañana en un camión (el revolver, las dos pistolas, la Uzi, el bazooka y los dos M-60 me los traje en el coche, pero porque esa mañana había sacado del maletero la dos cajas de granadas y unas minas Claymore, que si no no tengo sitio). El Oerlikon antiaéreo, la tanqueta Wiesel y la caja de misiles Tomahawk me los tienen que pedir y en quince días me llegan.

Lo sé lo sé, no puedo ir solo de compras, pero es que hay tantas cositas...

De pega

Mi vecino tiene un perro de pega. Si te acercas a su casa ves una loseta de "Cuidado con el perro" pegada en el murete que rodea su finca con un dibujo muy artístico de un perro amenazante, de dientes enormes, y si te esperas un rato te acercas a su casa oyes unos potentes ladridos. Para cualquier profano en el tema esto significa que hay un perro. Pero no. Ya os lo he dicho, el perro es de pega. ¿Y cómo sé yo esto? ¿Acaso la madre naturaleza me ha dado un don extraordinario que me proporciona el conocimiento absoluto sobre todas las cosas, o al menos sobre las referidas a mis vecinos y sus perros? No, en absoluto. Es simplemente que no tengo nada que hacer por las mañanas y me he puesto a investigar. (Ya sabéis que la huida del aburrimiento ha sido y es la causa de los descubrimientos más importantes que ha hecho la humanidad desde que supo que con el fuego podía quemar bosques y disfrutar con ello.)

Pista número 1: Nunca he visto al perro. Ni yo ni nadie que conozca.

Pista número 2: El ladrido y sus posteriores repeticiones llegan exactamente 25 segundos después de que un servidor se sitúa delante del portal de entrada a la finca. Esta prueba ha sido repetida en 15 ocasiones y en las 15 el tiempo ha sido el mismo: 25 segundos, cronometrados con mi reloj Casio con calculadora.

Pista número 3: ¿De verdad hace falta una pista número 3? ¡El jodido perro del vecino es de pega!

El copo

Y hablando de nieve, ayer cogí un puñado de nieve y lo metí en la nevera. Hoy me he encontrado con que se ha convertido en hielo todo menos un copo. El copo rebelde y antisocial. Y por eso mismo, el único que sigue siendo nieve.

Gadafi, el jubilado

Gadafi salió de la jaima con la intención de dar un simple paseo por aquellas tierras libias tan suyas. Ya era mayor, aunque no quisiera admitirlo, y pronto le llegaría el momento de jubilarse. Eso era algo que le venía preocupando desde hacía bastante tiempo. Era una persona activa y no se imaginaba sin nada que hacer. Sus amigos jubilados se pasaban el día en casa viendo la tele, cuidando de sus nietos y paseando por el parque, algo que no entraba en la cabeza de Gadafi. Él quería acción, por muy jubilado que fuera a estar, y nadie iba a impedir que siguiera dando caña.

A los pocos meses, Gadafi se jubiló y puso en marcha su plan. Se apunto a los viajes del Imserso magrebí, donde coincidió con sus colegas Mubarak y Ben Alí. Gracias a sus precios asequibles, conoció lugares como Al-Denia y Al-Lloret de Mar, e hizo muchos amigos. Entre viaje y viaje, Gadafi se apuntó a cantidad de cursos: de cocina española, de macramé, de marquetería y, el mejor de todos, de bailes de salón, donde descubrió su talento natural para la bachata y el pasodoble. Todo eran buenas noticias para Gadafi. Amigos, viajes, cursos... un no parar que lo mantenía lleno de vitalidad. Pero no todo podía ser felicidad.

Un día, mientras paseaba por su jardín privado, un hombre con la cara tapada saltó delante de él desde un arbusto y le pegó un tiro mortal en la cabeza. "¿Qué hemos hecho los jubilados para merecer esto?" fue su último pensamiento antes de estirar la pata.

¡No hagáis ruido!

Pocos recuerdos y uno tan claro, todavía fresco en la memoria. Si cerraba los ojos, casi podía oír su voz, ver su cara, su gesto, la escena completa. Ella, su madre, y él, un niño que la veía llegar con el enfado contenido en el rostro, con el temor a un mal despertar, el miedo a las malas caras, a las malas palabras. Ella intentaba cumplir con su trabajo de fin de semana: mantenerlos en silencio hasta la hora de comer. El niño entendía a veces y mandaba callar a su hermano pequeño, pero seguía siendo un niño y su cabeza andaba en otras historias. Madrugaban para jugar, y gritaban, y corrían, y daban portazos, sin entender muy bien por qué no debían hacerlo. Luego llegaba la tensión. Si la puerta del dormitorio se abría antes de mediodía sabían que casi seguro se había despertado por su culpa y que llegaría en silencio, enfadado con ella por no haber cumplido con su deber, y con ellos, por ser niños. Si había sido así, si ellos lo habían despertado, la escena podía acabar siendo un almuerzo callado y tenso, o bien, y peor, convertirse en uno con gritos y palabras feas. Ambos eran malos finales. Era entonces cuando el niño, que a veces entendía, comprendía por qué el rostro de su madre se manchaba de tensión y temor cuando les regañaba con aquel ¡no hagáis ruido, que vuestro padre está durmiendo!

Los ordenadores cuando mueren...

¿Y dónde van los ordenadores cuando mueren, papi? Qué gran pregunta, hijo. Pues mira, cuando un ordenador nos deja pasa por varios estados. Primero coge polvo un tiempo en casa. Es algo así como su purgatorio donde espera hasta saber si va al cielo o no. ¿O no, papi? O no, hijo, porque los ordenadores malos van al infierno, claro, pero no me interrumpas, hijito, o te tiro la consola por la ventana... y a ti detrás, humm, por dónde iba... ah sí, el purgatorio...

Después de unos días (semanas o meses) tirado en una esquina, armario o bajo la cama, el ordenador va a la basura. Si eres una persona concienciada con el medio ambiente, lo llevas a un punto limpio. Si no, como es nuestro caso, hijo, lo tiramos a un contenedor normal y tan panchos. Entonces el ordenador tiene varios posibles destinos. Si se ha portado bien, será reciclado y sus componentes pasarán a formar parte de otros aparatos y objetos. Es una especie de reencarnación. ¿Reencarna...? Calla hijo y atiende. Y si se ha portado mal irá al infierno, pero antes tendrá su particular pre-infierno en la Tierra: pasará un tiempo tirado en vertederos de basura situados normalmente en países africanos, contaminará lo que esté en su mano y entonces su espíritu (también llamado espírisoft o soulware) irá al infierno a pasar el resto de la eternidad. Allí normalmente se dedican a hacer lo mismo que hacían en vida: sufrirán sus sistemas operativos y ayudarán a torturar a los humanos que han acabado allí por ser malos cuando todavía vivían. Además, como hace tanto calor, no paran de colgarse porque sus ventiladores no dan abasto y están reiniciándose todo el tiempo, para angustia suya y de sus martirizados humanos. Y así hasta el fin de los tiempos. ¿Y en el cielo? Bueno, hijo, en el cielo hay muy pocos ordenadores. Están casi todos los que murieron antes de la llegada del adsl y alguno actual muerto por fallos de fabricación antes de llegar a pecar. Esos son libres de hacer lo que quieran, no dependen de humanos y usan el GOD System, completamente infalible y a prueba de Devilware.

¿Y cómo se sabe si un ordenador ha sido bueno o malo, papi? Muy fácil hijo, ¿tú te bajas pelis piratas de internet? Claro, papi, si no para qué sirve un ordenador... Pues hijo, tu ordenador irá directo al infierno.

Terremoto

Se abrió la tierra bajo nuestros pies y caímos al vacío, durante tanto tiempo que para mí que llegamos al centro del planeta. ¿En serio? Totalmente. Pero allí no hacía calor, ni vimos la lava moviéndose, esa masa de metal derretido, el nife, como nos decían en el cole. Ni de lejos. Tan sólo nos encontramos con un señor que vendía Biblias a medida (si la quiere usted sin Apocalipsis, yo se la vendo) acompañado por un perro que ladraba en inglés (¡woof!).

De barbas

Me estoy dejando barba, otra vez. Ya una vez lo intenté. No digo dejarme barba sino dejarla crecer hasta que se haga mayor de edad, y toque el suelo, y eche a andar si quiere. Por ahora no llega ni a la categoría de "barba de Papá Pitufo"... pero dadle tiempo. Roma no se hizo en dos días ni en tres. Mi barba se tomará el suyo, el que le haga falta. Ninguno de los dos tenemos prisa y con un poco a poco se hace un mucho.

Los viernes y el guacamole

¡Hoy me he llevado el último cacharillo de guacamole del Mercadona! Esto, que no tendría que ser nada destacable es hoy por ser viernes digno de alabanza. Me alabo pues. La razón... muy simple. Los viernes son días de masificación en mi Mercadona (en MI Mercadona, no sé en el vuestro). Cuesta encontrar aparcamiento en el parking. Cuesta encontrar un carrito libre y te toca el que está con la rueda bizca. Y cuesta, cómo no, que haya tarritos de guacamole disponibles, porque, amigos, nadie come guacamole, si le preguntas en una encuesta callejera, ¡pero luego llega el viernes, y vuelan del estante... y no soy yo quien se los lleva!

Por suerte, hoy quedaba uno y lo he visto a tiempo. Pero por poco lo pierdo, oye, porque una señora de esas con el pelo lleno de laca y cara de estar enfadada con la vida lo ha visto igual que yo y para el estante del guacamole que ha ido, la muy ladina, casi al trote y enfilada. Podría yo haber sido un caballero y haber cedido el cacharric... ¡y una mierda! (me interrumpo porque me me lo merezco) ¡He aprovechado la diferencia de edad, altura, peso, años y aerodinamismo (soy calvo, ella luce pelazo) y he llegado antes por medio cuerpo! ¡Y el guacamole ha sido mío, en injusta lid, sí, pero mío, y ahora mismo voy a pimplarme la mitad con una birrita!

El pájaro en la ventana

Cada noche me despierto, sólo un poco, y veo un pájaro en la ventana. Cuando termino de despertarme, un segundo después, el pájaro ya no está allí. ¿Existe el pájaro? Esa es mi pregunta. ¿Existe sólo cuando estoy despertando, o es un sueño que se cuela un poco en la realidad y se vuelve a su nido onírico cuando me alejo del todo, cuando apago el piloto automático de mi cerebro?

Si es verdad que hay infinitos universos, si eso que dicen es cierto, quizá hay uno en el que siempre que empiezo a despertarme un pájaro se posa en el alféizar de mi ventana y tras un parpadeo se marcha volando, justo antes de que yo lo pueda ver completamente despierto. En este simplemente desaparece y es eso lo que me tiene loco el resto del día.

Salieri y el CNI

Madrid, 2043, el Centro Nacional de Inteligencia desclasifica miles de documentos sobre antiterrorismo, ufología y otras cuestiones menores. Entre ellos, encontramos un encuentro entre un agente del CNI y el polémico escritor Marco Salieri fechado en febrero de 2011.

Agente: Señor Salieri, hemos sabido usted estuvo recientemente en Roma...

M. Salieri: Sí sí, por allí anduve. Tenía una conferencia sobre el simplismo literario. ¿Sabe usted lo que es el simplismo? ¿No? Verá...

Agente: ...No es esa la cuestión por la que le hemos pedido que se reúna con nosotros. La verdad es que...

M. Salieri: ¿Nosotros? Pero si sólo está usted aquí, usted y yo. Ah, hay alguien detrás de ese espejo grande, ¿verdad? Como en las películas, jejeje. ¿Sabe que mi padre era actor de cine? Ya hace mucho tiempo de eso...

Agente: ...Disculpe, señor Salieri, cíñase si es posible a las preguntas que le hago. Así no tendremos que retenerle aquí toda la mañana.

M. Salieri: ¿Retenerme? ¿Estoy detenido acaso? Vamos hombre, lo que faltaba... Tengo muchas cosas que hacer hoy, no me diga que me va a detener, porque yo no he hecho nada ilegal...

Agente: Bien, ahí es donde quiero llegar. En Roma estuvo usted en contacto con el señor Paolo Sforza, conocido miembro de la mafia...

M. Salieri: No no no, señor, se equivoca. El señor Sforza es un ricachón que se ha montado una secta, la no sé qué esotérica simplista. Este hombre loco, por decirlo suavemente, ha cogido los preceptos simplistas y los está usando para yo qué sé qué, pero a mí no se me presentó como mafioso, ni de lejos. Si lo es, no estuvo conmigo en calidad de tal, sino de... sumo sacerdote o gurú máximo o papa sectario de esa cosa que se ha inventado, señor agente. A mí no me meta en líos, que bastante tengo con los que me labro yo.

Agente: O sea, que usted no tiene nada que ver con él ni con su organización...

M. Salieri: Nada. Nada de nada.

Agente: ¿Entonces por qué hemos encontrado un ingreso de 3.500 euros en su cuenta provenientes de una de las cuentas del señor Sforza?

M. Salieri: Pues porque me los pagó él, claro, por ir a hablar con él. ¿Recuerda la conferencia de la que le hablé, la del simplismo? No pude ir porque este hombre me invitó a su sede, quería hablar conmigo de filosofía y otras cosas. Por eso me pagó Sforza, por compensar el pago perdido por el bolo, por la conferencia, ¿sabe?

Agente: Pues me temo que ese dinero va a tener que ser confiscado. Es dinero de la mafia. No queremos dudar de su honestidad, señor Salieri, pero me temo que durante un tiempo estará bajo la mirada de nuestro Servicio. Con las mafias no se juega y con el CNI tampoco.

M. Salieri: Vaya fantasmada.

Agente: ¿Qué ha dicho?

M. Salieri: Que gracias por todo. ¿Puedo irme ya? Es que hoy me quiero hacer unas lentejas y eso lleva su tiempo, si quiere que le salgan buenas, sabe...

No, no tengo

¿No? No, no tengo.

¿Y cómo lo sabes? Me lo dijeron en una revisión rutinaria.

¿Así, sin más? Sí sí, yo iba por otra cosa, papeleos sobre el uso de la vivienda compartida, el permiso de respiración diaria, la compra de derechos básicos... y la señorita de la ventanilla me dijo que no tenía alma.

¿Pero cómo la perdiste? Eso le dije yo, que para mí que de siempre que había tenido y que no había notado la pérdida. Se ve, me dijo, que en alguna de las renovaciones se me olvidó firmar alguno de los impresos, posiblemente el referente a alma. No se dieron cuenta, yo tampoco y mira, han pasado tres meses, ando sin alma y yo sin darme cuenta. Pero claro, digo yo, si hasta ahora me han estado descontando impuestos por el alma, 40 años y tres meses, y realmente no sirve para nada (te digo yo que no sirve, que no la echo en falta), es que nos están engañando, nos están cobrando por algo prescindible. No es como si respirar fuera gratis o el gasto en compañías temporales y otros contactos sociales. Entiendo que eso se cobre... pero si me van a retener, cuánto es, un 0,3% del sueldo anual en concepto de posesión de alma por la cara, pues mira, chica... ¡las cosas no son así! ¡¿No crees?!

¡Pues no, mira, con lo tranquila que estaba yo hoy y con lo que me cuentas hasta el pulso tengo alterado, niña!

Mala suerte, pizzero

Qué mala suerte tienes, gañán, cuando después de cobrarme la pizza te quieres llevar. Pizzero hambriento eres y rápido, ladrón, mas en la pared de mi casa una lanza zulú tengo colgada, que sin más espera agarro y por la ventana hábilmente arrojo y tras corto y certero vuelo termina clavada en tu podrido corazón. Bajo en ascensor y allí estás, pizzita mía, junto a tu pizzero traidor, que muere ensartado por querer curarse el hambre robándole la jama a un servidor.

Querido Diario:

Lo nuestro es imposible. Pero no te pongas triste... No eres tú, soy yo. Bueno, en realidad sí que un poco es por ti. O sea, que te iba a dejar igual aunque no estuviera con otro... sí sí, has oído bien, te dejo por otro, por un Blog. No sé, Diario, él es mucho más dinámico, joven, tuneable y no tengo que llevarlo siempre encima: basta con que haya una conexión a internet y ahí está él, siempre joven, no como tú, que tienes las hojas amarillentas, como los dientes de un fumador, y a la mínima de cambio te manchas, o peor, te acabas y tengo que ir a comprar otro... Lo siento, creo que eso será bueno para los dos. Además, tú siempre dijiste que querías vivir solo, no depender de mí... aprovecha esto que nos pasa para tratar de alcanzar tus sueños. No sé, quizá acabes siendo el Diario de alguien famoso, ¿no?

Ojete moreno

La gente me pregunta por qué de vez en cuando grito "¡ojete moreno!" sin venir a cuento y entiendo que os debo una explicación, que es bien sencilla:

"Ojete moreno" es para mí como "supercalifragilisticoespialidoso" para Mary Poppins. Y creo que con esto está todo dicho.

Mis vidas anteriores

He recurrido a los servicios de un adivino. Pero no uno cualquiera. Uno de verdad, de los que tienen poderes de-ver-dad. Me ha mirado el aura, las manos y la manera en que la caspa de mi cabeza cae en una rodaja de sandía. Después me ha pasado una nota con la lista de mis vidas anteriores hacia atrás en el tiempo desde la actual. Aquí la tenéis:

-Hombre.
-Tortuga.
-Perezoso.
-Caracol.
-Coral.
-Moho.

Ahora lo entiendo todo.

El blog de Marco Salieri

Acabo de enterarme de que M. Salieri tiene blog recién estrenado. Esto sí que no me lo esperaba, o al menos no tan pronto (acaba de abrirse un twitter y no sabe casi usarlo). La dirección es marcosalieri.blogspot.com. Para mear y no echar gota. Querido maestro, te seguiré hasta el fin del mundo.

Gill Sans, la historia de una letra

Eric Gill se estaba zumbando a su perro justo cuando tocaron al timbre. Le jodía enormemente que el interrumpieran mientras sodomizaba a su mascota. Son esas pequeñas cosas que te joden el día. Además, tienes que vestirte a toda velocidad y parecer que no estabas haciendo nada malo. Poner cara de inocente. "Nada, no estaba haciendo nada, sólo... fregaba los platos, mmm, barría la casa". En fin. Eric se subió los pantalones mientras gritaba "¡ya voy, ya voy!", mandó al perro a su caseta y puso un montón de papeles sobre la mesa. Así parecería que estaba trabajando en algo. Corrió a la puerta y abrió, no sin antes recomponer el gesto, relajarse, olvidarse de lo que estaba haciendo minutos antes. Era su primo. Como era habitual, entró en tromba a su pequeño estudio gritando las últimas noticias de la famila. Cuando paró de hablar, se dirigió a Eric y le preguntó, "¿y tú qué, qué haces?"... Eric se quedó en blanco, miró al su alrededor, al suelo, a la silla, a la mesa... De pronto, todas su excusas parecían tontas, sin sentido. Nadie se las creería... Una gota de sudor asomó por su frente y cayó hasta el ojo. Mierda. Entonces improvisó: "Estaba, mmm, estaba... estaba haciendo unos... unos dibujos, sabes, un... tipo de letra, sabes, uno nuevo... lo lo lo llamaré... Gill, jejeje, ¿tiene gracia, no? como yo, Gill". Cagada enorme, como todos sabemos, porque luego tuvo que echar más horas que un tonto para crear la letra que hoy conocemos como Gill Sans.

Moraleja: no te zumbes a tu perro o tendrás que inventarte un tipo de letra, cosa que ni te va ni te viene.

El correo de Salieri

A petición de M. Salieri y con el ánimo de mantener con él una buena relación, transcribo en este blog el correo electrónico que ayer mismo recibí escrito de su puño y letra. Antes que nada querría dejar claro que es un honor que el propio Salieri haya contactado conmigo y que podrá, siempre que quiera, utilizar este humilde blog para hablar de lo que le dé la gana. Si yo he seguido sus pasos literarios hasta ahora y he tratado de seguir fielmente el espíritu de su género literario ha sido por una sana admiración y porque lo veo como un mentor al que seguir y de quien se puede aprender muchísimo. Yo no sería quien soy si no hubiese caído en mis manos siete años atrás aquel librito suyo en el que desarrollaba la teoría de los lapos mentales. En fin, espero que Salieri siga con nosotros muchos años y que siga haciendo grande la literatura. Si finalmente decide abrir un blog, como anunció en su twitter, sabrá que tendrá en su más fiel discípulo, un servidor, al primero de sus lectores. Os dejo con su correo.


"Querido Marco A. García.

Me presento aunque creo que ya me conoce. Soy Marco Salieri, escritor y polemista. He sabido que usted lleva años escribiendo en su blog algo inspirado en lo que yo llamo "lapos mentales". Mi conocimiento de los secretos de internet es muy limitado, pero con la ayuda de un amigo hace unas semanas pude acceder a su página web. He de decirle que la he encontrado tremendamente inspiradora. Es un honor para mí y la confirmación de que mis esfuerzos no han sido en vano que alguien como usted haya cogido el testigo de este mi género literario y le haya dado tantas horas de su tiempo a la creación de estas cientos de pequeñas obritas improvisadas.

Dicho esto, me gustaría hablarle de una cuestión que me tiene tremendamente preocupado. En diversas entrevistas, mesas redondas y otros foros similares, he sido preguntado por su blog. Eso no sería ningún problema (en serio, me parece todo un descubrimiento digno de toda loa) si no fuera porque toda la gente que me conoce cree que su página web es obra mía y sólo mía. Por más que trato de hacerles ver que están en un error, sólo consigo risas cómplices y frases chistosas, como si fuera mi intención engañarlos tontamente con esta cuestión en lugar de transmitirles con franca sinceridad que nada tengo que ver con su autoría. He de decir que en parte la culpa es mía, sobre todo desde que publico sus lapos mentales en mi reciente creado twitter (algo que creo confirma mi apoyo incondicional a su obra). Esto ha llevado enredar todavía más la situación, ya que ha certificado en cierta forma a todos que, efectivamente, el blog, su blog, es mío en realidad.

Le pido, le ruego, que haga público este correo electrónico en su blog, que aclare usted mismo si es necesario que nada me relaciona con su página, que tan sólo nos une el simple hecho de que usted escribe lapos mentales, esos que yo di en parir en una tarde lluviosa de enero de 2002 y de los que hablé más tarde en la obra "Escritura escupida: el lapo mental" más con un afán de juego literario que con la idea vanidosa de trascender, aunque el tiempo, como podemos ver, está conviertiéndolos en mucho más de lo que en un principio fueron en mi pequeña y humilde mente.

No le molesto más. Sepa que siempre podrá contar conmigo y que podremos seguir en contacto siempre que usted quiera.

Atentamente,

Marco Salieri."


Creo que las palabras del señor Salieri bastan para aclarar que este blog nada tiene que ver con él, salvo que desarrolla en la práctica su teoría literaria desde el respeto y la admiración.

El paseo

Nieto y abuelo caminaban por la orilla del mar, a la distancia justa para no tener que andar rehuyendo las olas. No había nadie en el agua y tan sólo un par de deportistas madrugadores se veían a lo lejos, corriendo por el paseo marítimo enlosado que servía de frontera entre la playa y la ciudad. El invierno estaba a punto de llegar oficialmente aunque las temperaturas bajo cero de los últimos días eran prueba más que suficiente de que el otoño se había rendido mucho antes de tiempo. El niño, cubierto cual esquimal, salvo los ojos y la enrojecida nariz, tras tirarle de la manga del anorak a su abuelo para llamar su atención y detener la marcha, rompió aquel gélido silencio. Abuelo, le dijo, ya sé que te encanta pasear por la playa conmigo y todo eso pero... ¿no sería posible que, dado que ya casi no siento las piernas por el frío y me cuesta mucho respirar, nos fuéramos a casa a sentarnos junto a la chimenea, quizá jugar una partida de cartas, ver la tele o algo? El abuelo se apoyó sobre la rodilla buena, cogió la cabeza del nieto entre las manos y le dijo, soltándole en la cara un chorro de aire helado, Nieto, cuando en la posguerra llegaba el invierno, mis hermanos y yo salíamos antes del amanecer para ir a traer agua y... Vale vale, abuelo, le interrumpió el niño, que trataba de disimular un gesto de terror infinito, venga, anda, déjalo y sigamos andando, ¿vale?