Si usted quiere...

Agente: Buenos días, bienvenido a Munch Telecomuniaciones, le atiende Marco Salieri, ¿en qué le puedo ayudar?
Cliente: Hola, buenos días, soy cliente de ustedes y quería dar de alta unos números móviles para la oferta esa de llamar gratis de fijo a móvil, sabe, esa por la que paga un euro...
Agente: Por supuesto, dígame su teléfono fijo y activamos la promoción.
Cliente: El número, a ver, es 987667898, me llamo Arturo.
Agente: Bien, mmm, verá, es que como está usted cambiando de producto en estos días no es posible activar esos números... tendrá que esperar a que finalice el cambio y entonces podrá activar los números móviles.
Cliente: Jo, es que yo quiero tenerlos ya funcionando, que me ahorro una pasta. ¿No podría parar ese cambio, dar de alta esos números y luego seguir con el cambio?
Agente: Pues... verá, no solemos hacerlo, pero me ha caído usted muy bien y voy a ver si lo consigo. Eso sí, tendrá usted que esperar varios minutos mientras hago la gestión.
Cliente: ¡No se preocupe, que espero!
Agente: Perfecto, le dejo con una musiquita cansina y ahora vengo.
Cliente: Vale, hasta ahora.

El agente Marco Salieri pulsa el botón que deja al cliente Arturo disfrutando de los últimos éxitos de Camela, deja los cascos sobre la mesa y se dirige por el pasillo hacia la salida, con paso firme y sin volver la vista atrás, porque sabe que si duda, sus jefes se darán cuenta y lo detendrán. Cuando ha salido de la sala donde cientos de sus compañeros están atendiendo llamadas de clientes, Marco Salieri gira a la derecha y entra en el baño que está al final del pasillo. Tras comprobar que no hay nadie tras las puertas de los cagaderos, Marco Salieri cierra el pestillo de la puerta de la habitación y se dirige rápidamente hasta el último cubículo. Aparentemente no hay nada fuera de lo común: un váter, no muy limpio, por cierto, un rollo de papel higiénico y poco más. Entonces empuja la quinta losa de la pared, contando desde el suelo, pegada a esquina izquierda. La losa cede y el váter, tras un chasquido, se desplaza hacia el fondo del cubículo y deja a la vista un hueco oscuro. Marco Salieri saca un mechero y lo enciende. Al acercarlo al hueco del suelo, puede ver una escalera de caracol y, sin más dilación, comienza a descender y a girar, a descender y a girar, a descender y a girar... y conforme desciende va escuchando cada vez más fuerte, hasta casi ser insoportable, el ruido metálico de los engranajes, las bielas, las correas, las poleas y demás mecanismos de la inmensa AGA (Artefacto para la Gestión de Altas) que ocupa la inmensa sala a la que da a parar la interminable escalera.

Una vez abajo, Marco Salieri hace memoria. Hace meses que no baja allí y con tan poca luz le cuesta situarse. Para ayudarse, cierra los ojos e intenta encontrar en su memoria el plano de la sala que le enseñaron en el último curso de formación. Si no se equivoca, el panel de control está al fondo a la derecha... y hacia allí se dirige. Al final de un pasillo da con una consola llena de luces parpadeantes, palancas y botones. Una luz roja le advierte de la importancia de aquellos controles. Desde allí se maneja todo. Entonces saca del bolsillo el número de teléfono del cliente y lo introduce en el teclado polvoriento: 987667898. La pantalla hasta ese momento apagada se enciende proyectando una luz verdosa sobre la cara del agente. Casi al momento, los números tecleados ocupan el centro de la imagen. A la derecha del teclado hay varios botones numerados. El número 1, recuerda, activa el alta, el 2, cancela el alta, el 3, la pausa. El botón de pausa es naranja y cuando Marco Salieri lo pulsa se ilumina. Durante unos segundos no parece que nada vaya a suceder pero no es así, simplemente es que todo lleva su tiempo. El ruido constante de la maquinaria se entrecorta y se detiene en seco. El silencio es total durante unos diez segundos. Luego, sin que el agente haga nada, la máquina reanuda su trabajo. En la pantalla aparece el mensaje "Alta 987667898 Paused". Listo. El agente vuelve sobre sus pasos, asciende la escalera de caracol, cierra el acceso a la sala tirando de la cisterna del váter y vuelve hasta la sala, hasta su sitio. Se coloca los cascos y retoma al cliente.

Agente: ¿Señor Arturo? Disculpe por la espera, es que esta gestión tiene su miga.
Cliente: Ah, pensé que me iba a dejar aquí toda la mañana.
Agente: Lo siento, es que es un proceso algo complejo. Dígame los números móviles que quiere activar.
Cliente: Perfecto, a ver, son estos: 654123321, 609468103 y 698751354.
Agente: Bien, un momento mientras los activo... disculpe, don Arturo, pero estos números no son de nuestra compañía y han de serlo para poder acogerse a la promoción.
Cliente: Ah, bueno, yo es que no sabía... entonces... entonces nada, porque son los que tengo. ¿Seguimos entonces con el alta adelante?
Agente: ... eh, bueno, sí, mmm, espere un poco mientras vuelvo a poner en marcha su alta... no se retire, le dejo con lo último de Manolo Escobar y el Fari. Enseguida vuelvo...

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