Oigo voces (y III)

El técnico de Telefónica ha venido. El Salvador vestido de Azul. Y para nada, el pobre. Cientos de kilómetros en su TelMóvil en vano.

Su diagnóstico: nada mal hecho en la instalación, ningún problema del cableado, de la acometida, del cajetín, del par de cobre, de la línea (la 'línea' como concepto, intangible, ente intelectual, ánima de segunda). La culpa: de mi teléfono, que por lo visto además de teléfono es una megaantena captadora de señales de radio. Entiendo que mi chicharra (robada hace 8 años en uno de mis miles de cubiles teleoperísticos) ya tenía su tiempo, pero hasta hace la mudanza me ha ido perfectamente. ¿Era demasiado pedir que siguiera así otros 8 años? Al parecer sí.

De todas formas le pienso sacar más rendimiento: se la voy a vender a los del proyecto SETI y seguro que con ella consiguen escuchar algún ruidico alienígena (no sé, la retransmisión de un partido de fvqjrgyàrgbol, que tanto gusta por Andrómeda).

1 comentario:

Iván dijo...

jajaja si lo que no te pase a ti...