el hombre sin dios

un día, en la plaza del pueblo, se reunieron tres amigos. uno de ellos mencionó a dios, y se armó el belén. el mayor de los tres alabó a dios como se creador, como guía para su vida, como aliento para su alma... el mediano dudó sobre dios, sobre su labor de guía y sobre la capacidad de su aliento para animar su alma... el menor de todos afirmó tajantemente que no tenía a dios por alguien de fiar, ni siquiera por alguien que recordar, ni siquiera por alguien existente. los otros dos lo miraron incrédulos y le preguntaron: entonces, ¿a quién te encomiendas cuando todo va mal, cuando tus hijos necesitan ayuda, cuando el mal acecha tu casa y el demonio se mete en tu corazón? el hombre sin dios respondió sin dudarlo: a ¡¡cálico electrónico!! (http://www.calicoelectronico.com).

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