El vigilante

Nos jugamos a pares o nones quien se quedaba cuidando del reactor y, como es habitual, perdí yo. Han pasado muchos meses.

En el baño he escrito algo en todas las baldosas. Ahora no sé qué hacer con el cuchillo.

Hay días en los que oigo gente afuera, como gritos apagados, niños que corren. Sé que es imposible pero me cuesta ser racional, o simplemente no me apetece serlo.

El ajedrez ya no tiene sentido para mí. Lo he utilizado como bandeja y lo veo mucho más integrado con el resto de objetos del búnker que antes. Las piezas no.

Me prometí no hablar en voz alta, ni conmigo ni con un interlocutor imaginario pero terapéuticamente válido. De vez en cuando mascullo algo, pero como eso no es hablar en sentido estricto, me lo permito.

Un día llegan los golpes. Vienen de arriba. Son imaginados, me repito. Puede que no, me discuto. Las alarmas habrían saltado.

Ya no hay golpes pero la puerta se está abriendo. Serán ellos. Inevitablemente mi mano agarra el cuchillo y lo clava en mi cuello hasta que todo desaparece, incluso el miedo.

3 comentarios:

Abril dijo...

Desmooooooooooooooooooooond!

Que poquito nos queda Marco, esta temporada prometo no contarte nada ni desvelarte nada.

Iván dijo...

jajaj pues eso venia yo a decir! que esto huele a Desmond inevitablemente

Okr dijo...

Sí, la verdad es que sí, aunque no era esa la intención, jejeje.